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Derramados

El Espíritu de Derramamiento

Capítulo 1

El Cordero Es una Naturaleza que se Entrega

La cruz no es únicamente un evento sino el secreto para conocer a Jesús de verdad. Es allí donde Ud. puede descubrir no solamente lo que hizo por Ud. sino cómo Él es en verdad. El espíritu de la cruz o del espíritu de la forma como el Señor opera es aquel que desea impartir más que recibir. En la crucifixión, la gente quería que Jesús se bajara de la cruz y se sanara, pero este no es su espíritu ni su manera. Él va a la cruz por una razón: a derramarse por el beneficio de los demás. Jesús muere a todas las cosas por su naturaleza de Cordero que se entrega. Él muere eternamente porque esta es su manera.

Siendo Uno con Él

La concepción del evangelio en su totalidad no se trata únicamente de obtener la salvación. Habla principalmente de ser uno con Jesús. El Señor está buscando a aquellos que serán uno con Él para derramarse por otros. El evangelio verdadero no se trata únicamente de un llamado al altar y de una oración para pedir perdón sino de una vida que incluye quebrantamiento y derramamiento del amor que fluye al ser uno con Cristo. Unirse con Cristo significa mucho más que simplemente ser salvo del infierno. Cuando vemos esto por el Espíritu, nunca jamás estaremos contentos con solo regocijarnos por lo que Él hizo por nosotros, porque siempre buscaremos estar en la tierra como Él está en el cielo, para manifestar su naturaleza de entrega. “Pues como Él es, así somos nosotros en este mundo” (1Jn. 4:17).

Mt. 13:44 habla de un hombre que encontró un tesoro en el campo. Él vendió todas sus posesiones para poder comprar ese campo, porque el tesoro era muy valioso para él. Este quebrantamiento, este derramamiento, es un costo voluntario que un creyente rendirá cuando estime la naturaleza de Cristo como más preciosa que cualquier cosa que él ha tenido anteriormente. Cuando encontramos al Cordero como el tesoro, estaremos listos para entregar todo por él. Felizmente nos derramaremos.

La vida espiritual verdadera es una vida que se da a sí misma. Participar de esta vida es aceptar la muerte del ego como su método y motivación. Esto es lo que significa tener comunión con el Cordero. Muchos hablan de un deseo de tener comunión con el Señor pero, ¿mantienen este deseo cuando se dan cuenta de que esta comunión requiere un costo?

Egoísmo o Dar de Uno Mismo

Es esta diferencia entre egoísmo o dar de uno mismo lo que hace que Jesús sea diferente de nosotros. El instinto primario del hombre es autointerés y autoprotección. Ud. puede identificar los motivos del hombre por su naturaleza de autobúsqueda. La naturaleza de Jesús, por otro lado, es Cordero, lo cual implica darse a sí mismo. Podemos definir la vida egoísta como muerte porque esta no es como Él, quien es Vida. Así que la vida espiritual se da a la muerte por los demás mientras que la muerte es una vida que se preserva a sí misma.

La ganancia verdadera siempre viene por medio del sacrificio. Como vemos en el caso de David, no debemos ofrecerle a Dios lo que no nos costó nada (2Sam. 24:24), porque para aquellos que no son sacrificados por naturaleza, cualquier pérdida será penosa, porque viven temiendo exactamente esta misma cosa. Lo más importante que un creyente necesita perder es el temor perder. Las posesiones tangibles o intangibles, no tienen valor hasta que se puedan ser ofrecidas, tampoco podemos disfrutar verdaderamente algo a menos que no nos posea. Una cosa no puede ser poseída hasta que la pueda dar, y la persona que puede darla es aquella persona que la posee.

Para el Cordero, todo es dado sin importar si alguien lo toma o no. Él NUNCA sufre pérdida. Él ya ha contado el costo. Cuando nosotros hemos llegado a ser como Él y hemos hecho de Jesús nuestro único tesoro, es allí cuando ganamos lo que nunca se puede perder. Es en este momento que podemos unirnos con Él en su naturaleza de entrega.

No Almas Salvadas sino Vidas Perdidas

Jesús dijo: “Tome su cruz cada día y sígame” (Lu. 9:23). La cruz es algo con lo que Ud. se involucra diariamente. La llevamos dondequiera que vayamos. Es la manera de vida que fluye de vivir la vida de Cristo.

“...y todo el que pierda su vida por causa de mí, este la salvará.” (Lu. 9:24). Esta es una invitación al salvo para que entre a la “vida perdida”. El Padre mandó a Jesús al mundo para que se derramara por nosotros. En esta forma, el Padre usó una semilla que murió para cosechar más del mismo género (Jn. 12:24). Ahora Jesús nos dice a nosotros: “...Como me envió el Padre, así también yo os envío”. (Jn. 20:21). El asunto final de Dios para el hombre no es tener una alma salva sino un alma perdida para que se derrame su vida y perder más la nuestra. Incluso como Cristo llegó a la Cruz y murió como una semilla solitaria para llevar mucho fruto, nosotros, como ese fruto, tenemos su Vida en nosotros y estamos sujetos al mismo propósito al que él estaba.

La unión no implica solamente caminar en un contento, sino que esta unión nos lleva al mismo lugar donde Jesús llegó: a ser derramado por otros. Él dijo: “Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Mc. 10:45). Esta es su manera, su método. Cuando llegamos a estar unidos a Jesús, esto es lo que nos sucede. Llegamos a ser transformados a su imagen. Un deseo dentro de nosotros de derramarnos es parte de la transformación.

El Proceso de Ser Consumidos

Cuando algunas personas escuchan estas cosas se preocupan por la pérdida. Sin embargo, no se trata de la pérdida sino de la ganancia que llevamos a otros. En el proceso de derramarnos llevamos mucha ganancia a otros. Es interesante cómo la pérdida y la ganancia pueden suceder al mismo tiempo. Este efecto con doble lado se ve en 2Cor. 4:16, donde dice que mientras nuestra vida mortal está pereciendo, nuestra vida interior está siendo renovada día a día. Cristo siempre está siendo consumido o dándose por otros. El principio de darse a sí mismo en la cruz es la misma acción que resultó en la salvación eterna del hombre. Es el principio de constantemente ser consumidos mientras al mismo tiempo otros están siendo constantemente bendecidos.

Ud. ve el principio de consumirse trabajando en la naturaleza. ¿Cómo da el Sol su luz? Lo hace al ser consumido constantemente. Es la muerte del Sol lo que le da luz al mundo. Aquí en la tierra, no vemos la muerte, porque solo vemos solo la luz que viene a nosotros al venir la vida por medio de la muerte, entonces la muerte es la clave para la luz. Si disfrutamos la luz de la Palabra de Dios, debemos considerar que esta nos pertenece únicamente por la muerte de Cristo y por la naturaleza que se da constantemente operando en el Espíritu Santo.

Muchos preferirían disfrutar los beneficios de la luz sin considerar la necesidad de alguien siendo consumido. Para ellos, la vida se basa en recibir en vez de sacrificar. La ganancia es muy importante para aquellos que viven para sí mismos. Con Jesús, la pérdida es la manera en que se manifiesta su naturaleza.

Más temprano señalamos la diferencia entre la naturaleza de Jesús y la nuestra. ¿Cuán vasta es la diferencia entre nuestra naturaleza y la de Él, la cual siempre fue evidente cuando Él caminó sobre la tierra? La tendencia natural para el hombre es asegurarse de que nuestros enemigos sean consumidos en vez de nosotros mismos. Las naciones siempre han buscado líderes que sean capaces de consumir a otros. Cuando Jesús dijo: “Debemos ir a la cruz y morir”, la gente de su época aclaró que no querían a un Rey y Mesías que se encaminara al sacrificio para ser consumido.

Esta actitud fue pasada al cristianismo también. Algunos creyentes sienten una aversión al mensaje cuando se habla del tema de ser consumido. Ellos son se autoprotegen. Algunos van más allá y temen del cuidado del Padre cuando ven lo que Él permitió que le sucediera a Jesús en la Cruz. Para ellos, la muerte cruel de Jesús hace pensar que no estaba seguro y que no fue protegido por el Padre. Sin embargo, estos no son los asuntos principales. Jesús se entregó a sí mismo. Él no fue robado. Para los hijos, si Dios está protegiéndonos o no, no es el asunto principal sino rescatar a otros. Rescate es cuando pagamos por la liberación de otros. Él no fue abusado sino que se dio sí mismo. Solo una persona egoísta lo consideraría un abuso.

Traer el Arca de Nuevo - ¿Esto es Pérdida?

Muchas veces estamos profundamente involucrados con el ministerio del Señor, pero no estamos sintonizados con su espíritu y su naturaleza. Buscamos cómo trabajar para Dios, pero no por sus medios. Podemos estar haciendo una buena obra y sin embargo pasar por alto el espíritu de derramarse en el proceso. El cuento de David cuando estaba trayendo el Arca del Pacto a Jerusalén en 2Sam. 6:1-17 es un ejemplo de intentar lograr los propósitos divinos de Dios en Cristo por medios humanos.

Traer el Arca para que permaneciera en Jerusalén era uno de los actos más dignos que una persona podía hacer. David amaba al Señor, y él deseaba que Él tomara el lugar merecido entre su pueblo, Israel. La primera vez que David intentó traer el Arca un buey la jaló en un carro nuevo. El hecho de traer la presencia de Dios a Israel parecía algo bueno pero se estaba haciendo sin el espíritu de derramamiento de Dios. Sabemos que el primer intento terminó en un fracaso (vea 2Sam. 6:6,7).

La segunda vez que David empezó a traer el Arca, lo hizo con otra actitud. En vez tener los bueyes en primer lugar para ser vistos por todo el pueblo de Israel mientras usaban su propia fuerza, los bueyes fueron sacrificados cada dos metros. En vez de permitirles a los bueyes demostrar su fuerza personal, David derramó su sangre (su fuerza). La fuerza natural fue entregada como un medio para un fin. Algunos de los israelitas tal vez vieron el sacrificio constante de esos bueyes como una pérdida tremenda, pero el plan de Dios para los bueyes es diferente de nuestro plan. Con el método de Dios, la fuerza de los bueyes para jalar es desperdiciada (crucificada) en vez de ser usada.

Es propio de la sabiduría humana dar lo mejor de nosotros y usar nuestra fuerza para el Señor en vez de rendir esa fuerza para que el agua viva de Cristo fluya a través de nosotros. El Señor no acepta fuerza personal y habilidades como su método para traer el Arca a Jerusalén. Solo una vida derramada resultará en la vida de Cristo fluyendo por estas habilidades. Solo una muerte completa del ego resultará en la presencia de Dios viviendo en su pueblo y fluyendo a través de ellos.

Derramarse No Es para Uno Mismo

La pregunta es ¿estamos dispuestos a ser uno con Jesús en su naturaleza, su espíritu y en la forma en que opera? Hay muchas formas en que podemos permitirle al yo dominar nuestras motivaciones, pero ser uno con Jesús excluirá usar nuestra propia fuerza, sentimientos y habilidades en todas las situaciones. Nosotros no nos derramamos para beneficiarnos a nosotros mismos ni tampoco para ganar algo. Nos derramamos porque Cristo es nuestra vida. Veamos varias formas en que podemos ser derramados para prevenir que el yo esté presente.

Mire su ministerio de cerca. ¿Es el espíritu básico su ministerio y vida derramarse por otros con sacrificio? ¿Está Ud. siempre preocupado por el efecto que la pérdida va a tener en su vida? ¿Está Ud. derramándose por deber o porque no puede vivir otra forma de vida? ¿Está su fuente basada en su propio entendimiento, o está cimentada en ser una ofrenda de libación? La fuente de su poder tiene que descansar en su unión con Cristo. No hay necesidad de correr de ser un vaso derramado porque Él está unido a Ud. para derramarse por medio de Ud. La respuesta no se encuentra en escaparse para que Dios no se derrame en Ud. sino en encontrar a Cristo como su recurso sin fin. David, quien constantemente vivía para Dios, lo dijo mejor: “Todas mis fuentes están en ti” (Sal. 87:7).
Si somos verdaderamente una ofrenda de libación, no estamos escogiendo ni adónde ni en quién Dios nos derrama. Muchos tienen un deseo de servir a Dios pero no están dispuestos a servir bajo cualquier situación. Tal preferencia nunca se presenta en la naturaleza del Cordero! Jesús no escoge con prejuicio a las personas que recibirán su amor. Igualmente, la naturaleza humana se da únicamente a las cosas que aprobamos. Si pensamos que algo vale la pena o es una bueno, entonces ponemos todas nuestras fuerzas para que se cumpla. Piense un momento: ¿Es esta la actitud genuina de derramarse? No, no es así! Derramarse siempre le traerá pérdida al derramado, no ganancia. Queremos escoger el lugar de nuestro propio sacrificio, pero Jesús nunca tuvo esa opción cuando le llegó la hora de ir a la Cruz!

Otro elemento de derramarse por Cristo es que Él no necesita la aprobación humana como motivación. Queremos tener a ciertas personas mirándonos y diciendo: “Bien hecho”! Queremos que la gente nos tenga como héroes. Queremos que todos vean el pródigo de Dios en nuestras vidas como sello de nuestra espiritualidad, en vez de manifestar a Cristo por medio de derramarnos por los demás. Jesús no necesita aplauso ni reconocimiento. Él no necesita el crédito. La naturaleza de Cristo es la misma sin importar si alguien está mirando o no.

Podemos ser tentados a pensar que estamos derramándonos cuando en realidad estamos siendo movidos por emociones como lástima o compasión. Debemos entender que confiar en el lamento humano que reside adentro de nuestras vidas es en realidad un acto de estar lleno de nosotros mismos. Debemos aprender a ser derramados como un acto de nuestra naturaleza y no de nuestras emociones. Si permitimos motivos ulteriores, nunca conoceremos la vida derramada.

Debemos derramarnos al ayudar a otros por su naturaleza y su método y no por medios humanos que ignoran nuestra necesidad de su naturaleza. Al derramarnos a su manera y al hacerlo sin pensamientos centrados en nosotros mismos, seremos una bendición para Él y útiles para sus propósitos.

Aquellos que han empezado este proceso encontrarán que otros, que están cerca de ellos, desearán participar de la misma naturaleza que da vida, pero no sabrán cómo. El proceso de ser hecho pan quebrado y vino derramado significa tal vez que Ud. va a tener que ser derramado hasta que ellos se alimenten de Dios por ellos mismos. Esta etapa es muy agotadora pero debe ser completada hasta que otros aprendan a extraer la vida de la Vid misma. Si somos una fuente pura de Cristo para ellos, serán destetados más rápido de nosotros y serán unidos a Cristo.


Derramado en Jesús

¿Cuál es el primer paso para aprovechar este bello fluir de la vida de Jesús? La primera cosa es moverse del centro e invitar Cristo a tomar el centro de su vida. En vez de que Cristo se derrame en Ud., Ud. derrámese en Él. Cuando la oportunidad aparece de hacer algo para Dios en su propia fuerza, escoja no ir en esa dirección. Cuando Ud. desea ser el objeto del ministerio, niéguese a esto y escoja derramarse.

Una de las claves más importantes que nos abrirá el camino de Dios a nosotros es la condición de nuestros corazones. ¿Le hemos permitido al Espíritu Santo cultivar dentro de nosotros un amor por el Señor que nos haga soportar con gozo la pérdida para poder ganar esta vida derramada? Cuando su corazón anhela tanto al Señor, Ud. incluso entrará a la casa de un fariseo para encontrar a Jesús y derramarse sobre Él. Probablemente la ramera que se derramó sobre Jesús ya había experimentado el rechazo de los fariseos en el pasado. Ella sobrevenció su temor y se esforzó para derramarse sobre Jesús. Cuando Cristo es nuestra única meta, tal pérdida de reputación no nos importará más. Esta vez no importará lo que la organización religiosa piense de Ud., porque su única meta llegar a Jesús.

La Libación Derramada
Capítulo 2

Explicación de la Libación

En el Antiguo Testamento había una ofrenda en particular que se llamaba la “libación”. Esta ofrenda no era tomada sino derramada. Por eso Ud. puede ver cómo esta ofrenda tiene mucho que ver con nuestro tema de ser derramado. La ofrenda de la libación se relaciona más con el espíritu de la cruz que con la obra cumplida por la cruz. No era una ofrenda por el pecado sino una ofrenda que fue dada por amor y adoración para el Señor. Además, no era una ofrenda ofrecida sola sino que normalmente era combinada con otras ofrendas.

Hay una diferencia entre algo que está siendo sacrificado y algo que está siendo derramado. Uno asciende al cielo mientras que el otro desciende a la tierra. Las dos cosas son dadas, pero la diferencia radica en la manera en que cada una es ofrecida. Is. 53 dice que Jesús derramó su alma hasta la muerte (vea v. 12). En cambio, es derramar el alma con sus derechos y deseos durante el proceso de derramamiento.

¿Por qué este Desperdicio?

La ofrenda de libación no es ofrecida como un sacrificio, entonces para la mente carnal puede parecer un desperdicio porque no parece lograr nada. Pudo haber sido utilizada en una forma más ventajosa, como Judas dijo de la ofrenda de María cuando ella derramó perfume de su caja de alabastro (Mc. 14:3-4; Jn. 12:1-8).

Normalmente necesitamos un evento especial para abrir y tomar un vino caro. Simplemente el tener a Jesús en la casa no le parecía a Judas suficiente razón para tomar medidas tan extremas. Pero María entendía lo que significaba ser una ofrenda de libación. Ella entró a la presencia de Jesús, ella se derramó sobre Él. Ella no esperó hasta que el Espíritu la moviera sino que derramó su vida sin inhibiciones. Sus acciones no se basaron en las novedades espirituales o en los avivamientos populares sino en lo que movió su corazón – Jesús. El valor de Jesús para ella motivó una respuesta de amor. Él era el objeto de su afecto. Ella se derramó de corazón en vez de esperar que algo cayera del cielo sobre ella para moverse.

El Señor está buscando a aquellos que admirarán y querrán ser uno con Él en derramarse. Podemos ver que Jesús lo confirma con su reacción a la acción María. Jesús dijo: “Dondequiera que se predique este evangelio... se contará lo que esta ha hecho para memoria de ella” (Mc. 14:9). Dondequiera que sea predicado el evangelio verdadero, María, quien derramó su perfume costoso sobre Jesús, será recordada. ¿Por qué dijo Jesús esto? Él lo dijo porque el verdadero evangelio está lleno de ESTA misma fragancia. María fue la personificación de lo que el evangelio vino a ofrecerle al Señor. El evangelio, la historia y las acciones de ella son una sola cosa, dondequiera que sea predicado, la a historia puede ser compartida!

Lo que es bello para Él no es exactamente vernos a nosotros llegando a ser una fuente gloriosa para que todos nos puedan admirar, sino que lleguemos a ser un espíritu dulce de autosacrificio en derramarnos a costa de nosotros mismos. A él le encanta esto.


¡No se lo Tome – Derrámelo!

En 2Sam. 23 encontramos los grandiosos cuentos de las victorias de los hombres valientes de David. No hay ni un cristiano que no haya leído este capítulo y después haya querido hacer cosas grandes para Jesús como las que hicieron los hombres valientes de David. Pero a veces yo me pongo a pensar si nosotros realmente entendemos el significado de estas historias. La historia involucra a David y a tres de sus valientes hombres. Es interesante ver que estos tres “hombres” no tienen nombre. La historia se encuentra en 2 Sam. 23:13-19.

“Y tres de los treinta jefes descendieron y vinieron en tiempo de la siega a David en la cueva de Adulam; y el campamento de los filisteos estaba en el valle de Refaim. David entonces estaba en el lugar fuerte, y había en Belén una guarnición de los filisteos. Y David dijo con vehemencia: ¡Quién me derrama a beber del agua del pozo de Belén que está junto a la puerta! Entonces los tres valientes irrumpieron por el campamento de los filisteos, y sacaron agua del pozo de Belén que estaba junto a la puerta; y tomaron, y la trajeron a David; mas él no la quiso beber, sino que la derramó para Jehová, diciendo: Lejos sea de mí, oh Jehová, que yo haga esto. ¿He de beber yo la sangre de los varones que fueron con peligro de su vida? Y no quiso beberla. Los tres valientes hicieron esto. Y Abisai hermano de Joab, hijo de Sarvia, fue el principal de los treinta. Esta alzó su lanza contra trescientos, a quienes mató, y ganó renombre con los tres. Él era el más renombrado de los treinta, y llegó a ser su jefe; mas no igualó a los tres primeros”.

David nació en Belén, y vivió allí toda su niñez. Él tenía mucho recuerdos muy buenos de esa ciudad. La única razón por lo cual él no estaba viviendo allí en ese momento era porque se había decidido por Dios y esta decisión lo llevó afuera de sus portones. Esta decisión por el Señor causó que David fuera separado de las cosas que amaba y lo forzó a vivir unos años en cuevas. Cuando Ud. ha estado viviendo en cuevas y siempre ha estado corriendo porque ha hecho lo correcto a los ojos del Señor, en ciertos momentos Ud. volverá a ver atrás y a recordar tiempos más fáciles, cuando era libre de las responsabilidades y la vida era más sencilla. Ud. recuerda la brisa de primavera en su cara, mientras caminaba al pozo en su propio pueblo para tomar agua dulce. Pero la única agua que en el presente Ud. tiene es el agua que cae de las paredes mojadas de la cueva fría y oscura.

Hay algunos cerca de Ud. a quienes les interesa suficientemente darle a Ud. los anhelos de su corazón. No se mencionan los nombres de los tres hombres sino que se dice que los tres eran uno con el objetivo mutuo de bendecir a David. A estos tres hombres les importa suficientemente darle a Ud. los deseos de su corazón. Dios se moverá a su favor y reorganizará muchas vidas solo para bendecirlo a Ud. Este es el corazón de Dios. El motivo en el corazón de estos “tres” hombres era cumplir el anhelo del corazón de David para que lo tomara y lo disfrutara. ¡Pero no se lo tome – derrámelo!

David lo Derramó

¿Por qué le diría a Ud. que no disfrutara de la bendición que estos tres hombres habían provisto? ¿Por qué derramarla? La razón por la cual Ud. la derramaría es porque hay un particular espíritu en relación con la ofrenda de libación. ¿No es cierto que todos estamos llamados, no para que nos ministren, sino para ministrar? “El Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir” (Mt. 20:28). Jesús también dijo: “Mas yo estoy entre vosotros como el que sirve.” (Lc. 22:27).

Solo aquellos que entienden el espíritu de la ofrenda de libación no se sienten ofendidos con David por haber derramado en vez de tomar la bebida que ellos le habían traído. La gente entiende más a Cristo crucificado y el hecho de que el Hijo de Dios fue hecho débil, menospreciado y rechazado cuando puede ponerlo en el contexto de las cosas grandes que Él ha logrado para nosotros. O sea, la muerte de Jesús fue usada para cumplir algún propósito práctico. El simplemente derramar y perder una ofrenda de libación es una piedra de tropiezo para el que busca milagros, para los judíos religiosos y necedad para los que buscaban la sabiduría, griegos filosóficos; sin embargo, este Cristo está llamándonos a todos a vivir en la misma manera.

Demasiados cristianos hoy en día no son como David. Ellos felizmente toman aquello por lo cual Dios ha movido el cielo y la tierra para proveer, ellos se limpian la boca, y anticipan la próxima vez que Dios los bendecirá. Solo recuerde esto: la satisfacción que llega al tomar no dura por mucho tiempo, pero la satisfacción que llega al corazón del Padre cuando nosotros nos derramamos tiene valor eterno. Él está satisfecho cuando Él ve lo que se le asemeja.

Muchos pasan todo el tiempo tratando de llenarse en vez de derramarse. Cuando los hombres de David obtuvieron la taza de agua fría del pozo de Belén, él no tomó del contenido del vaso de barro sino que lo derramó. También estamos llamados a ser vasos de barro (vea 2Cor. 4:7). Como vasos, hay un tiempo para llenarse y un tiempo para vaciarse.

No Solo Sea Bendecido, Sino que Sea una Bendición

La acción de David testifica que hay una actitud más alta que solo recibir la bendición de Dios. Los hombres de David escucharon su corazón cuando él lloró diciendo: “y David dijo con vehemencia: ¡Quién me diera a beber del agua del pozo de Belén que está junto a la puerta!” (2Sam. 23:15), y ellos derramaron sus vidas por él. Estoy seguro de que ellos tenían sed también, pero ellos tenían la actitud correcta. Por esto David derramó la bebida. Esto representaba la actitud de derramarse como fue demostrada por estos tres hombres. Ellos eran vidas derramadas por los demás. David no pudo beberla, porque él mismo era una vida derramada para Dios y sus hombres. Me pongo a pensar cuántos de nosotros hubiéramos tomado, regocijándonos en la bendición, y después hubiéramos buscado a Dios para que hiciera muchas cosas más por nosotros.

David les agradeció a los tres hombres lo que habían hecho por él pero sabía que, como su líder, él tenía que ser el primero en vivir así. De la Biblia vemos que David era una persona dadivosa y no un receptor. De haber sido diferente en esta situación, y por la manera en que él había estado viviendo hasta el momento, hubiera violado la naturaleza del Señor y su propia unión con Él. De haber estado motivado a obtener lo que él quería cuando sus hombres sacrificaban sus propias vidas hubiera sido algo muy bajo.

Otros Hombres que se Derramaron

Tenemos otro ejemplo de este principio en la persona de Urías, un soldado en el ejército de Israel: “Cuando Urías vino a él, David le preguntó por la salud de Joab, y por la salud del pueblo, y por el estado de la guerra. Después dijo David a Urías: Desciende a tu casa, y lava tus pies. Y saliendo Urías de la casa del rey, le fue enviado presente de la mesa real. Mas Urías durmió a la puerta de la casa del rey con todos los siervos de su señor, y no descendió a su casa. E hicieron saber esto a David, diciendo: Urías no ha descendido a su casa. Y dijo David a Urías: ¿No has venido de camino? ¿Por qué, pues, no descendiste a tu casa? Y Urias respondió a David: El arca de Israel y Judá están bajo tiendas, y mi señor Joab, y los siervos de mi señor, en el campo; ¿y había yo de entrar en mi casa para comer y beber, y a dormir con mi mujer? Por vida tuya, y por vida de tu alma, que yo no haré tal cosa.” (2Sam. 11:7-11)

Urías no tomó las bendiciones y comodidades de su rey, sino que las derramó. En los dos casos, el derramarse involucró no disfrutar de la bendición porque otros hombres estaban arriesgando sus vidas. No fue que estos hombres no estaban agradecidos por lo que habían hecho por ellos. Simplemente que no era el tiempo correcto para recibir bendiciones. Las bendiciones del vaso no cabían en ese tiempo y lugar, entonces ellos las derramaron.

La historia de la vida de Moisés es otro ejemplo de uno que derramó su propia vida como una ofrenda de libación en vez aprovecharse de sus bendiciones: “Por la fe Moisés, cuando nació, fue escondido por sus padres por tres meses, porque le vieron niño hermoso, y no temieron el decreto del rey. Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado, teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón. Por la fe dejó a Egipto, no temiendo la ira del rey; porque se sostuvo como viendo al Invisible. Por la fe celebró la Pascua y la aspersión de la sangre, para aquí el que destruía a los primogénitos no los tocase a ellos. Por la fe pasaron el Mar Rojo como por tierra seca; e intentando los egipcios hacer lo mismo, fueron ahogados.” (Heb. 11:23-29)

Si examina los hechos, verá que Dios le entregó a Moisés una ofrenda de libación. Él nació esclavo, pero Dios lo levantó al segundo lugar después del Faraón. Sin embargo, él escogió identificarse con la gente de Dios que era esclava. Ud. puede tomar la bendición si quiere, pero Dios prefiere que la derrame. Sí, a Él le gusta bendecirnos, pero su propósito mayor es hacernos a su imagen. Lo que hacemos con las ofrendas de libación que se nos entregan depende de nosotros.

Derramado Como una Ofrenda de Libación

¿Entonces qué significan las aguas que David derramó? Podrían representar los sueños que tuvo cuando era joven. Pueden ser los anhelos terrenales de su alma. El derramamiento de estas cosas es el rechazo a alimentar su propia alma aunque tenga el derecho legal para hacerlo.

Dios nos Bendecirá

Durante el tiempo que estos tres hombres arriesgaron sus vidas por un vaso de agua, David se había puesto en la posición de tener que vivir en cuevas y de correr por su propia vida. Él nunca hubiera estado en esa posición si no hubiera escogido al Señor y su camino para su vida. Si vamos a continuar en el camino duro, será necesario pelear contra los filisteos y los Saúles de este mundo. Pero el día que empezamos a anhelar lo que era nuestro antes, tomamos el camino duro y será el día en que Dios empezará el proceso de bendecirlo a Ud. al aliviárselo.

¿Por qué Él haría esto? Hay varias razones. El camino que Ud. escogió fue un acto voluntario y no obligado. Si Ud. alguna vez ha tenido reservas en cuanto continuar en el camino duro, Dios lo aliviará a Ud. del camino. En segundo lugar, Dios lo ama a Ud. Él ve cuánto has sacrificado por Él para seguirlo hasta el momento. Él está agradecido por lo que Ud. le ha dado hasta el momento y no requiere más de lo que está dispuesto a dar. En tercer lugar, está verdaderamente en el corazón de nuestro Padre bendecirnos y darnos los anhelos de nuestro corazón. A Él le encanta bendecirnos con cosas que nos complacen. Aunque Dios bendijo a David, él, David, lo derramó. Esto le trajo a Dios aún más placer, porque tenía uno con su misma imagen, quien hizo lo que Él hubiera hecho.

Buscando las Bendiciones

El mensaje popular de la iglesia hoy en día es que los cristianos deben obtener todas las bendiciones posibles de Dios. Los cristianos, como totalidad, no tienen un concepto de la ofrenda de la libación. Me pregunto cuántos cristianos han notado que el libro de Job empieza donde la mayoría de los cristianos piensan que la meta de Dios termina. Job había llegado a tener tanta bendición de Dios que tenía una paz y un contento tremendo en su vida. Ud. pensaría que toda la bendición y la relación que Job tenía con Dios hasta ese punto de su vida hubiera producido mucha madurez. Pero vivir una vida bendecida no es suficiente. Si la mayoría de los cristianos escribiera sobre la vida de Job, ellos mencionarían todas las luchas y la fe que Job mostró hasta que su vida volvió a estar llena de bendiciones y gloria, pero Dios escogió pasar por encima de esta parte de su vida. Dios no pensó que la real historia había empezado hasta que todo lo que oponía a que Job conociera a Dios en profundidad fue quitado y Él fue visto.

La historia bíblica indica que se tienen que quitar las bendiciones exteriores para que se pueda manifestar una relación más profunda con Dios. El motivo de Satanás parecía ser quitarle las bendiciones a Job para que este acusara a Dios y le echara la culpa por las bendiciones que había perdido. Si el diablo puede convencer a los creyentes de que las bendiciones son la meta, entonces vamos a negar a Dios cuando nos quiten las bendiciones.

Cuando ponemos las bendiciones antes que a Aquel que nos las dio, nos ponemos en un peligro nuevo, porque no vemos ni una necesidad de que Dios nos quite nuestras bendiciones. Aquellos que viven bajo estas circunstancias son personas inmaduras y niños desperdiciados. De este contraste podemos ver la diferencia entre Dios quitando nuestras bendiciones y nosotros despilfarrándolas. Los cristianos carnales despilfarran las bendiciones, como el hijo pródigo. El padre del hijo pródigo no retuvo las bendiciones de su hijo. En cambio, el padre le dio la herencia a su hijo, aunque le dolía saber que el hijo iba a tomarla y a dejar su casa. Exactamente como el hijo pródigo, no es hasta que nosotros tocamos el fondo que podemos darnos cuenta de que todas las bendiciones del mundo no se comparan con estar con el Padre!

La intención de Dios es llegar a ser la satisfacción completa del hombre en vez de darle al hombre algo que le complacerá. Él puso al hombre en un huerto que se llamaba Placer (Heb. Eden, Gen. 2:15), y Él nos hace tomar del río de sus placeres (Heb. Edens, Sal. 36:8). Pero el Edén era únicamente una sombra, y Dios nunca quiso que nosotros nos involucráramos con la vida terrenal y con los placeres sino en Él como nuestro “Edén”. Es este goce el que resuelve todos los problemas de la iglesia. Este goce de Cristo incluye la obra de la Cruz. Cristo es el Espíritu para nuestro goce, placer y satisfacción. Cuando el Padre le ofreció al hijo menor su herencia, el hijo pródigo debió haberla derramado. En vez de esto, él terminó perdiéndola de todas formas.

Aplicando la Ofrenda de Libación a Nuestras Vidas

En el Nuevo Testamento, Pablo habló de ser una ofrenda de libación: “Y aunque sea derramado en libación sobre el sacrificio y servicio de vuestra fe, me gozo y regocijo con todos vosotros” (Fil. 2:17). Él habló de ser sacrificios vivos también. La idea de Pablo era derramar su vida hasta la última gota por los demás. “Yo ya estoy para ser sacrificado...” (2Tim. 4:6). No importaba si recibía el crédito o la culpa, esto no le importaba. Dios quiere que nosotros quebremos “el frasco” de nuestras vidas, para dejar de esperar la ocasión especial para podernos entregar, y que nos derramemos como un estilo de vida.

En contraste, el cristiano carnal quiere que la gente se impresione con el llamado maravilloso de Dios que él ha recibido. El éxito delante de los ojos del público tiende a ser el criterio de para ver si su ministerio está verdaderamente bendecido por Dios. ¿Estamos preparados para a negarnos a nosotros mismos y a lo que nos satisface? ¿Estamos listos para ser totalmente insignificantes para que nadie nos recuerde? ¿Podemos hacer el trabajo degradante manteniendo una actitud pura? Un sacrificio por lo menos es una entrega de algo para el placer de Dios, pero derramarlo donde nadie recibe el beneficio parece un desperdicio. ¿Quién alcanzará el lugar sublime donde nosotros podamos derramarnos por otros y nadie nos note nunca?

Por supuesto, Cristo cumplió todas las ofrendas del Antiguo Testamento. Cualquier pista de que estas ofrendas están funcionando en nosotros llegará cuando comprendamos su vida, y cuando estas cosas empiecen a ser cumplidas en nosotros por la vida de Cristo. Más específicamente, la vida de Cristo se derramará por medio de nosotros cuando comprendamos que su naturaleza se goza en hacerlo.

Tomárselo

Lo opuesto de derramarse es tomárselo. ¿Qué significa tomárselo? Cuando Ud. toma algo, Ud. totalmente lo absorbe para experimentar satisfacción total. El primer paso para venderse sucede cuando uno toma del vaso de la bendición que Dios le ha dado. Pronto Ud. no verá la necesidad de vivir en las cuevas, porque Dios habrá bendecido mucho. Llegamos a cansarnos de hacer lo bueno. Llegamos a cansarnos del costo y la batalla. Permitimos que nuestros deseos se dirijan hacia los deseos carnales. Entonces cuando Dios abre la puerta y nos bendice, nosotros malgastamos las bendiciones porque las pedimos solo para nuestros propios deleites.

Encontramos un buen ejemplo de esto en Números 32, donde Israel había derrotado a los enemigos en la frontera al este del río Jordán y ahora estaba listo para entrar y tomar la posesión que Dios tenía para ellos. Pero parte de Israel no quiso pelear más. Ellos se dieron cuenta de que el área que acababan de conquistar era bastante buena, con muchas casas y campos para sembrar ya listos para trabajar. Era el lugar perfecto para criar una familia. Cuando ellos le anunciaron sus intenciones a Moisés de quedarse allí, él se puso muy enojado y él les rogó no pecar contra el Señor.

Como las dos y media tribus que querían quedarse atrás, dejamos de pelear cuando logramos nuestra meta. Traicionamos por el hecho de que nuestra meta real no es para Dios ni para otros sino para encontrar un lugar cómodo para nosotros en esta vida. Dejamos de pelear cuando ya no creemos en nada. Rubén, Gad y Manasé hubieran pecado si ellos hubieran recibido el regalo, y hubieran vivido en la comodidad y la belleza de la tierra y no hubieran continuado batallando hasta que todo Israel entrara.

La razón por la cual el carnal no puede pelear y continuar en la batalla es porque ellos no creen en nada; a ellos no les importa nada; ellos no valoran nada. ¿Por qué son tan insensibles? No tienen nada por qué luchar. Ah, pero ellos sí pelearían si alguien tratara de quitarles su comodidad o si alguien les quita su derecho a sus sueños personales, porque esto es todo lo que conocen y por lo que viven. Ellos no pueden ver mas allá de sus intereses personales y por consiguiente no pelearán por nada que no sea por sus propios deseos. Es fácil medir sus propias motivaciones si tiene el deseo real de hacerlo. Si su propia comodidad personal es la única cosa por la cual está listo para pelear, entonces cuando la logra en cierta medida cesará de pelear porque ya no tiene nada más por qué pelear. Si Ud. no pelea por nada sino por Ud. mismo, entonces sus acciones han traicionado sus motivos. Pero hay algunos, como David, que continuarán peleando por otros y se derramarán.

Yo sé de dónde viene la voluntad de pelear. David fue el único israelita que fue movido a pelear después de ver a Goliat. ¿Por qué? Él dijo: (la traducción en inglés) “¿No hay una causa?” (1Sam. 17:29). Su motivación para continuar peleando no vino por ganancia personal sino por la ganancia que los otros iban a recibir y por el Reino de Dios. No se trata de llegar a ser uno con Dios en visión sino en naturaleza.

Ser del espíritu correcto es muy importante. Esto se ve claramente cuando Israel tenía que entrar a la Tierra Prometida. Cuando llegó la hora de entrar a la tierra, solo Josué y Caleb tuvieron la condición espiritual correcta. Dios dijo que los otros israelitas no entrarían, solo sus niños, y por eso Israel anduvo unos 40 años en el desierto. Josué y Caleb estaban bien con Dios y tal vez tenían el derecho de entrar a la Tierra Prometida mientras los demás andaban en el desierto, pero no lo hicieron. No tenían algo por qué luchar mucho más grande que su propia comodidad. Ellos no pudieron descansar hasta todos los israelitas habían entrado a su descanso. Josué y Caleb continuaron derramándose por otros y llevaron a la cúspide la ofrenda de la libación.

Aquellos que nunca han comprendido el significado espiritual y la belleza de la ofrenda de libación, han dejado que la bendición de Dios los aleje de Él y los establezca a ellos más en el mundo. Pero veamos el asunto correctamente: esto no es solo un regalo – es la sangre de Aquel que la dio. La motivación de los tres hombres de valor y el motivo del corazón de Dios es dar un regalo. La pregunta no concierne al motivo de Dios; la pregunta es: “¿Cuál es la motivación de su corazón?”. David no pudo beber de la ofrenda que se le dio a costa de las vidas de otras personas.

¿Dónde están aquellos que se parecen a David hoy en día? ¿Está su espíritu en mí o en Ud.? Mi llamado no es para el carnal ni para la persona despreocupada. No le estoy pidiendo a la gente que no tiene una lucha en que se levante y pelee. Mi pregunta no está dirigida a los que le piden a Dios cosas para que Él pueda “bendecir la carne”. No estoy pidiéndoles a los hijos de Adán que se conviertan en hijos de Dios. “¿Mudará el etíope su piel, y el leopardo sus manchas?” (Jer. 13:23). Estoy pidiéndoles a los hijos de Dios que se pongan de pie y manifiesten la naturaleza que les ha sido dada.

Si nosotros no entendemos la ofrenda de libación, vamos a pensar que es simplemente otra bendición. Yo he dicho a menudo que la gente responde a las bendiciones de Dios como un perro o como un gato. Si Ud. le da a su perro regalos y atención el perro pensará que Ud. es Dios, pero si Ud. le da a su gato regalos y atención el gato va a pensar que él es Dios. Hay muchos ministros nobles que han trabajado duro para producir condiciones mejores para que sus hermanos y hermanas las disfruten. Pero es difícil cuando uno entrega este ministerio que le ha costado tanto esfuerzo a otra gente que solo encuentra defectos y se quejan si todo no esta tan perfecto. Hay algunos que nunca consideran el costo (“la sangre de estos hombres”) que se ha pagado antes para que aquellos que recibieron el ministerio fueran bendecidos. Están tan preocupados por su propia comodidad que el concepto de derramar la ofrenda de libación para ellos es como perder algo perfectamente bueno. No estoy llamando a los hijos de Adán sino a los hijos verdaderos de Dios a levantarse con valentía. No se la beba – derrámela.

La Iglesia, un Vaso
Capítulo 3

Complacer a Dios por medio del ministerio no se relaciona con hacer grandes cosas, lo que le agrada más es que todo se haga en unión con Él. Lograr esto requiere más que una disposición; requiere accesibilidad a Jesús como su novia, instrumento y vaso. Cualquiera puede hacer cosas para Dios incluyendo los pecadores, pero Dios no está buscando solo el hacer de los hechos sino que estos se cumplan con un cierto espíritu. Para poder lograr esto, Jesús nos hizo uno con Él.

Uno con Él en Derramarse

La razón por la cual Dios nos unió a Cristo fue para hacernos Uno. En esa manera tenemos su naturaleza al estar casados con Cordero. Su intención en hacernos Uno con Él es para obtener uno de su mismo género. Debemos entender el propósito de Jesús en ser uno con nosotros: para poder continuar derramándose. Somos su cuerpo para que ÉL PUEDA CONTINUAR dándose a los demás.

Él quiere morar en Ud., lo cual significa que Él se sienta en casa en Ud. Él no se siente en casa si Ud. siempre está buscándolo a él para arreglar sus problemas. Él se siente en casa cuando puede ser Él mismo en su casa. Aquel que se derrama es Aquel que vive en Ud. y se siente cómodo haciéndolo. El lo ve a Ud. como el medio por el cual Él puede libremente expresar su naturaleza. Este es su corazón y deseo.

Déjeme decirlo en otra forma: Este Jesús que vive para derramarse por los demás, decidió formar a una gente y llamarla su cuerpo, para poder continuar haciendo las mismas cosas que Él ha hecho una y otra vez. Este Jesús solo quería continuar haciéndolo y también él quería hacerlo en una escala más amplia. Entonces Él se casó con su novia y su cuerpo fue formado con un propósito. Esto no fue hecho para que nosotros seamos el objeto de todo afecto y cariño. Nuestra unión fue hecha para que Él pueda derramarse, no nosotros, sino Él a todos por medio de nosotros.

Cristo sin un Balde

Derramarse es el espíritu de Jesús, pero Él está buscando vasos a través de los cuales Él pueda trabajar. Descubrir esto, que nuestro propósito es ser el vehículo de su naturaleza, puede ser una revelación para algunos. Encontramos un ejemplo de esto en Juan 4:7-30.

En esta cita Jesús sintió el impulso de ir por Samaria donde él conoció a la mujer samaritana en el pozo. La conversación empieza cuando Jesús le pide algo para tomar del pozo. La respuesta de Jesús fue que si ella lo conociera a Él, ella estaría pidiéndole una bebida de agua viva. Puede ver que su primer deseo es suplir su necesidad y satisfacer su sed. Una vez que se establece esto, ENTONCES su propósito es que ella llegue a ser su vehículo de distribución para otros. En nuestro primer encuentro con Cristo reconocemos NUESTRA NECESIDAD pero nunca continuamos hasta que reconozcamos SU NECESIDAD y deseo por los vasos.

Es allí cuando ella se da cuenta de que Él mismo tiene una necesidad, como lo vemos en sus propias palabras: “Señor, el pozo es hondo dijo ella, y si no tienes una cuerda ni un cubo (balde) para sacarla, ¿cómo vas a darme agua viva?” (Jn. 4:11 CST-IBS) Sus palabras muestran que ella ha entendido una realidad: Cristo no tiene balde! Él necesita un vehículo para diseminar su agua viva.

Él está buscando en ella la disposición para ser usada como un contenedor para Él. Jesús puede ser que tenga toda el agua viva que el mundo necesitaría, pero si no tiene unos vasos dispuestos, todo es en vano. De la respuesta de ella tal vez concluimos que está empezando a reconocer que Jesús está considerándola como un vaso para Él. Jesús ha escogido que su tesoro sea entregado por medio de baldes de madera y de barro.

Él no nos entrega el agua a nosotros únicamente para que estemos satisfechos; Él imparte el agua viva que vive en nosotros. No se trata de encontrar satisfacción personal por el agua que nos da, sino de satisfacer su deseo de derramarse a otros. Esa agua viva mana y llega a ser un pozo para otros.

Queremos Ser Derramados a Otros por Él

Una vez ella que satisfizo su sed personal de agua viva ella llegó a ser un pozo vivo por el cual Jesús pudo satisfacer a otros. La mujer del pozo se levantó y empezó a derramarse a otros. Lo que estoy describiendo aquí es un principio espiritual. Jesús quiere derramarse. Por su vida que está en Ud., un proceso de muerte empieza. Pero la muerte que Ud. experimentará no será ni siquiera la suya. No será tanto la entrega de su vida sino, como dice 2Cor. 4:10, “Allá adonde vamos, llevamos siempre en nuestro cuerpo la muerte de Jesús...”. Notará los movimientos de la naturaleza de Jesús que se entrega en Ud. Descubrirá que si Cristo está vivo en Ud., esta es la forma en que Él vivirá. Él no puede vivir de otra forma. No hay ninguna gloria para nosotros, se trata de que nos entreguemos a Jesús para que su vida fluya a través de nosotros.

La Iglesia debe ser el balde por el cual Él se derrama. El problema es que la Iglesia ha llegado a ser un vaso que solo recibe su vida en vez de ser un canal hacia otros. Debemos ser los canales de su naturaleza generosa pero nos hemos hecho el objeto de ella. Hemos dado su mismo espíritu. Jesús puso ríos en nosotros para que nos derramáramos a otros en la misma manera que Él lo hace. Pero muchos en la iglesia están tratando de hacer que Jesús se derrame “en la iglesia”.

Un ejemplo de esto es la manera en que llegamos a los cultos de la iglesia. Muchas veces queremos entrar en la presencia del Señor y que el Espíritu de Dios se derrame sobre MÍ. Siempre queremos ser el objeto y que lo que se está derramando nos innunde. Demasiada gente asiste a la iglesia para poder sentir la marea del Espíritu acercándose y experimentar su gozo. Pero Dios quiere que nosotros seamos vasos de su fluir para otros, con poca retribución para nosotros. Nos encanta escuchar las historias de los misioneros que han derramado todo lo que poseen por Jesús, pero el propósito de recitar las historias antiguas es para que sigamos el mismo peregrinaje.

Es triste que la mayoría de la iglesia no haya reconocido el plan de Dios. La iglesia debería estar derramándose al mundo, pero asistimos al edificio que se llama iglesia para recibir un derramamiento. Todos nos juntamos alrededor de sus pies como los necesitados, en vez de ser sus pies e ir a otros. En vez de estar llenos, estamos secos, sedientos y necesitados. Somos personas necesitadas y nos está faltando Él, pero Él está en su cuerpo para satisfacer las necesidades del mundo. Nuestra mentalidad es que todavía estamos esperándolo para que nos ayude cuando Él quiere entrar en nosotros. Él no nos dio ríos para que estuvieran en estas condiciones tan egoístas, sino para que ellos fueran derramados.

¿Está Ud. rodeado de situaciones de necesidad? Entonces su situación no es diferente de la de Ester en el Antiguo Testamento. Personalmente, ella estaba cómoda y protegida porque Dios la había bendecido y había llegado a ser reina. Pero ella vio el estado tan triste de su pueblo y arriesgó toda su comodidad y su propia vida por la liberación de su pueblo. Ella tomó la bendición de ser la reina y la derramó. Fue Mardoqueo quien le ayudó a ver la diferencia entre la ofrenda de libación y una bendición. Él le había dicho a ella que tal vez ella había llegado solo al reino por “...un tiempo como este...”.

¿Por qué vino Ud. al reino en este tiempo de la historia? La respuesta – por “...un tiempo como este...”. Como Pablo, Ud. debe reconocer que, por la vida de Cristo adentro, Ud. se ha convertido en una ofrenda de libación. La necesidad es grande entonces es tiempo de arriesgar todo y dar su vida por el propósito de Dios y de otros. Su motivo en hacer esto no es porque la gente lo merece, porque aun en el tiempo de Ester la mayoría de la gente rechazó regresar y vivir en Jerusalén y vivir para Dios. Pero su motivación mayor no se basa en la necesidad ni en la reacción positiva de aquellos por los cuales Ud. se está derramando. Su motivación se basa en la naturaleza derramada del Hijo de Dios que vive en Ud. Como iglesia, somos el Cuerpo de Cristo. Jesús dijo que el pan de la santa cena representaba su cuerpo, el cual es partido y distribuido. El cuerpo de Jesús es pan partido para que pueda ser dado, no chineado.

Es fácil dejar que “los ministros” hagan todo lo relacionado con derramarse y justificar sus esfuerzos diciendo que ese es el llamado de ellos. Si vivimos desconectados a Jesús entonces vamos a dejar que otros sean los que den porque es más fácil para nuestra carne vivir sin responsabilidades. La carne se siente mejor cuando alguien se derrama en ella que cuando debe derramarse sobre otros.

Jesús le dijo a la mujer del pozo: “Dame de beber,” (Jn. 4:7). ¿Cuántos de nosotros estamos esperando que Jesús quite nuestra sed cuando debemos estar satisfaciéndolo a Él? Debemos satisfacer a Dios dondequiera que estemos y con cualquier cosa que estemos haciendo. Deberíamos derramarnos completamente para Él y ser sus vasos de distribución a otros. Deberíamos estar invirtiendo nuestro ser completo, sin estar sacando de Él solo para satisfacernos, sino dejándole ser una fuente dentro de nosotros hacia otros.

Pasando de Tomarse Todo a ser un Pozo

En Jn. 7 tenemos un ejemplo del deseo de Jesús para que todos los que le pertenecen a Él lleguen a ser una ofrenda de libación. Él no solo quiere que tomemos sino que logremos el resultado final y que lleguemos a ser uno con Él en derramarnos como ríos. El contexto en que Jesús habló estas palabras fue la Fiesta de los Tabernáculos. La Biblia dice: “Estaba cerca la fiesta de los judíos, la de los tabernáculos,” (Jn. 7:2). Esta era la fiesta de la cosecha. Jesús mismo llegó a la fiesta. Esta fiesta representaba cuando todo Israel se reunía para ser uno. El propósito era escuchar la Palabra de Dios. Esta fiesta no representaba la dispersión ni la división sino la reunión. Y fue en ese lugar, el último día, el gran día de la fiesta, que Jesús habló de cómo deseaba que fuera su gente.

Pero cuando Jesús llegó a la fiesta, no vio nada de la intención original del Señor para la fiesta. Note que las escrituras la llaman “La fiesta de los judíos”. Cuando Jesús asistió a la fiesta de ellos y observó sus tradiciones religiosas se puso de pie y con clamor dijo: “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva” (Jn. 7:37-38).

Yo puedo ver a Jesús de pie en medio de la religión y clamando. ¿Qué es lo que Él clama? Él dice: “Si alguno tiene sed, venga a mí…”. Pero este es solo el primer paso. Como en el caso de la mujer samaritana, su primer meta es satisfacer nuestra sed y llenarnos. Pero este no es el fin. Jesús satisface nuestra sed pero después Él quiere usarnos con otros. En la oración que sigue Jesús explica esto diciendo: “El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva”. La meta primaria es ser un canal de su Vida y no solo encontrar sus bendiciones. Si hemos probado y sido satisfechos con esta agua viva, entonces deberíamos pasársela a otro.

El problema es que nosotros no nos hemos hecho accesibles como su canal. Hemos dejado a Cristo sin un balde. La repuesta no es solamente tomar del pozo y ser satisfechos sino estar tan llenos que, como dijo David: “Mi copa está rebosando” (Sal. 23:5).

No es suficiente hablar de derramarse. No se trata de solo hablar del tema sino de un estilo de vida bajo el cual vivimos. Pero Ud. no tendrá nada que derramar si no está completamente lleno. Jesús no está buscando baldes satisfechos sino baldes llenos. La mayoría de nosotros funcionamos más como baldes que llevan cargas que como personas que refrescan a otros con agua viva.

Muchos están bautizados en el Espíritu Santo pero los “ríos de agua viva” no están fluyendo de ellos. Casi todos saben de la promesa de Jesús que dice que todo aquel que crea en Él tendrá ríos de agua viva fluyendo de su vida y que estos nunca estarán secos. “Él que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva”. Pero aunque ellos saben la Palabra de Dios, muchas veces están secos. Su vida y servicio al Señor son más parecidos a las goteras que a los ríos.

Un Ejemplo de Ríos del Antiguo Testamento

Un ejemplo de ríos de agua fluyendo al pueblo Dios se encuentra en Éxodo 17:1-6 en la historia del agua que fluyó de la roca que Moisés golpeó en el desierto. En esta historia vemos lo que se requiere para ser un río que se derrama para que otros puedan ser refrescados. Nuestro ejemplo siempre es Cristo, entonces la roca y el agua representan a Cristo, como se nota en 1Cor. 10:4. La fuente de la ofrenda de la libación para los israelitas en el desierto era la roca golpeada. Únicamente cuando llegamos a ser uno con Jesús en ser derramados y perder podremos ser participantes con Él en compartir la vida con otros.

Israel en el desierto actuó más como un desierto seco y necesitado que como una tierra de donde fluía leche y miel. Dios no solo quería satisfacer su sed en el desierto sino revelarles que Él quería una nación, para hacerlos uno con su fluir para poder alcanzar el mundo. ¿Cuál es el propósito de ser un río de agua viva y derramarse? El propósito es suplir la tierra sedienta con agua. Otros tal vez estén sedientos y secos, pero aquellos que han entrado en unión con Cristo no están así. No solamente no están secos, sino que ellos refrescan, despiertan, dan vigor y satisfacen a aquellos que viven separados de su eterno fluir de Vida.

Basados en la creencia de la Palabra de Dios, sabemos que “nunca tendremos sed” (1Cor. 12:13; Jn. 4:14). Literalmente “tomamos de su Espíritu” (1Cor. 12:13). Pero el resultado de esto es que nosotros llegamos a ser pozos y ríos. Llegamos a ser el medio por el cual Jesús se puede derramar en otros.

Demasiada gente ha fracasado en cumplir estas promesas. La razón principal es porque ellos han pasado mucho tiempo tratando de tomar de los pozos de religión. Exactamente como la mujer del pozo, estos pozos hechos por hombres siempre harán que volvamos a tener sed (Jn. 4:13).

Cristo se nos dio a sí mismo para ser nuestro pozo y río de agua viva. Mientras nosotros estemos autocentrados en nuestro punto de vista, buscaremos a Jesús solo para sustentarnos y no estar secos. Pero cuando dejamos de recibir cosas de Jesús y empezamos a recibirlo a Él como nuestra porción, nosotros descubriremos el secreto de la provisión sin fin.

Lo Que Ud. Cree, Chorrea
Capítulo 4

“Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; 14 mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna” (Jn. 4:13,14).

“El que cree en mí,... de su interior correrán ríos de agua viva” (Jn. 7:38).

El tema de estos dos versículos en el evangelio de Juan se relaciona con la creencia y los resultados que esta causa en aquellos quienes verdaderamente creen. Lo que el Señor está expresando con estas palabras no indica que solo por creer la persona recibirá el Espíritu Santo. Básicamente lo que Él está diciendo es que “lo que cree chorreará de su interior”. Su punto no es un asunto de dogma religioso sobre el Espíritu Santo, sino sobre el efecto de realidad sobre nosotros. La creencia llega a ser la vida, y la vida se derramará. Esta es la naturaleza de Cristo. Como dicho muchas veces en este folleto, la mayoría de las veces estamos más interesados en lo que dicen las Escrituras acerca de los beneficios para nosotros, que en lo que estamos derramándoles a otros.

Pero incluso con los que derraman sus vidas pueden ser que haya malas interpretaciones. El énfasis de Jesús no es que nosotros seamos una fuente bella para que la gente nos mire y admire. No importa cómo les parecemos a otros sino ser canales de su fluir. El punto es que otros reciban agua por medio de nosotros. Esta es la naturaleza de Jesús y también es lo que Dios considera precioso. “El que cree en mí,... de su interior correrán ríos de agua viva”. Nuestra creencia en Jesús le complace a Dios, pero los resultados de esta creencia también le agradan. Él sabe que muchos otros serán refrescados.

Nuestra Deficiencia e Impotencia – Su Provisión si Ud. Cree

La clave para fluir con una provisión tan abundante que no tenga fin se encuentra en Jesús, es la fe. Nuestra fe no cree simplemente cosas acerca de Jesús sino que se conecta a Jesús en una manera muy real. Nuestra identificación con Él llega a ser una fuente. Muchos han llegado aquí en cierto modo pero a ellos todavía les falta comprender el punto principal. Otra vez, cuando ellos piensan en Jesús como fuente, Él como SU FUENTE es quien se derrama SOBRE ELLOS. Esto no fue lo que Jesús quiso decir. Su necesidad será satisfecha en tanto que Ud. se enfoque en las necesidades de otros y del Señor.

Aquellos que consideran lo que se ha dicho quizás pueden encontrar un defecto en esta forma de pensar. Tal vez Ud. se considera a sí mismo incapaz de derramarse a otros por su propia falta personal. Si Ud. se ve a sí mismo, va a concluir que Ud. no tiene nada que derramar. Pero es exactamente en este momento que tiene que ejercitar la fe de que habló Jesús en Juan 7. Si Ud. cree, Ud. chorreará. Es en este momento de vacío y desesperación que Ud. clama a Dios con toda sinceridad para ser el vaso por lo cual Él se puede derramar. No esté contento con quedarse en un estado de egoísmo, considerando su condición personal. Jesús puede derramarse SOBRE UD. pero este refrescamiento durará un tiempo muy corto. De este refrescamiento tal vez Ud. podría bendecir a mucha gente. Pero Él puede derramarse A TRAVÉS DE UD. y ese refrescamiento y fluir puede continuar tanto como Él quiera. Esto viene de una provisión sin fin que se encuentra en Jesús y no en Ud. mismo. Pero si todo lo que Ud. considera es que no tiene nada que derramar, entonces nunca va a derramarse. La clave aquí es considerarlo a Él en fe como su recurso y no ver su condición personal.

Si Ud. cree en Jesús, entonces Él chorreará. Y puede creer esto porque Él lo ama a Ud. y está en Ud. Para Él no hay ninguna duda de que Él será una fuente de vida para otros, porque Él quiere hacer esto más que cualquier otra cosa. Él se unió a Ud. por ese mismo propósito.

No Crea en un Dios muy Lejano

Ahora es importante que clarifiquemos qué tipo de creencia es necesaria para que corran ríos. Ud. debe creer que Él es un pozo en Ud. Demasiados están viendo un pozo que está allí en el cielo. Puede ser que ellos estén viendo a Jesús pero ellos lo ven a Él para que haga o algo les dé algo del cielo. El concepto que tienen en sus mentes está más emparentado con un Cristo que está derramando algo desde el cielo como lo hizo en el día de Pentecostés. Pero la cita de Jesús en Juan 7 está dirigida a aquellos que ya han recibido la persona del Espíritu Santo. De aquellos que tienen el Espíritu Santo dentro de ellos, Jesús espera que el fluir venga de adentro. Jesús no es más un pozo vivo del cielo sino un pozo vivo dentro de Ud.

Si Ud. está creyendo en un Jesús lejano, entonces hay una buena posibilidad de que nada vaya a suceder. Tal vez Ud. se pone a pensar constantemente por qué nada chorrea desde sus adentros. Sin embargo, si está creyendo en el Jesús que está adentro de Ud., entonces lo que tiene que hacer es creer en la provisión sin fin y desatarla. Él se unió a nosotros para poder hacer esto a través de nosotros.

La respuesta no es sentarse hasta que Él lo toque con un desbordamiento. La respuesta es levantarse y ponerse en una posición donde Ud. espere que sus ríos fluyan por medio de su persona. Ud. lo complace a Él cuando se levanta y se pone en una situación donde Él sí puede respaldarlo verdaderamente Ud. cree en el pozo que está adentro, Jesús.

Mi Doctrina No Es Mía

Jesús dijo que si Ud. cree entonces chorreará. Olvide lo que Ud. cree de sus propias habilidades y doctrinas, y crea lo que Él dice de Ud. Antes de que Jesús prometiera que de nuestro interior correrían ríos de agua viva, él dijo: “Mi doctrina no es mía” (Jn. 7:16). Jesús no vino aquí con una serie de doctrinas que Él quería “hacer”. Él no tenía sus propias doctrinas; solo creyó lo que el Padre le dijo a Él que era la verdad. Cuando lleguemos al lugar correcto espiritualmente tampoco tendremos una doctrina. No tendremos más una serie de creencias individuales porque funcionaremos por sus doctrinas y sus creencias. Lo que Jesús declara como la verdad es lo que vamos a creer. No habremos desarrollado doctrinas de cómo derramarse sino que creeremos en su doctrina. ¿Cuál es su doctrina con respecto al fluir del agua viva? Él dice que estamos unidos como uno con Él con el propósito de permitirle fluir hacia más gente. Estamos casados con Él para poder derramarnos a otros más. Él está ahora en un cuerpo más grande y alcanzando mucho más.

La Insuficiencia Personal no Corta la Provisión

Cuando Ud. está tratando de creer que ciertas doctrinas son verdades, Ud. siempre estará frenado en su camino por su propia condición débil. La creencia en doctrinas no cambiará su condición, solo la creencia en Jesús. Cada vez que Ud. piensa que Ud. es un fracaso debería decir: “Tal vez soy un fracaso, pero tengo el agua viva dentro de mí”. Tengo a Aquel que desea derramarse a través de mí. No soy digno de ministrar ni orar, pero cuídense hermanos porque la represa está por quebrarse y el fluir se acerca”.

Es el deseo de Jesús que lo abracemos en esta manera. Una vez que Ud. lo hace, nunca querrá volver a ser la fuente ni el ministro por sí solo. No le va importar cómo se siente en el momento porque creerá en la fuente que está adentro. Los pensamientos sobre cualquier tema no tendrán significado porque Ud. solo creerá lo que Él ha declarado que es la verdad. Su doctrina es “Yo soy en Ud. una fuente”. Seguir a Jesús significa que va a olvidar su doctrina y dejar sus puntos de vista religiosos para tener las creencias de Él. Él es en Ud. un pozo, esto es lo que Él cree y también Ud. debería creerlo.

La mayoría de nuestras doctrinas y creencias están en nuestras mentes. ¿Sin embargo, nos hemos olvidado de que nosotros somos su cuerpo y Jesús es la cabeza? Nuestras creencias deberían estar en nuestra cabeza. Debemos dejar que Él sea la cabeza de su cuerpo. Debemos dejar que lo que Él piensa sea lo que pensamos también. Si estamos unidos a la cabeza de la casa entonces el fluir alcanzará a cada parte del cuerpo. Pero si continuamos estando separados, entonces estaremos esperando que algo caiga del cielo sobre nosotros. El agua viva no cae del cielo; pero las cosas fluyen de la cabeza, llenando cada parte. El problema es que muchos cristianos funcionan como si no estuvieran unidos, como si tuvieran sus coyunturas fuera de línea. Todo fluye de Él. “Él que cree en mí, de él fluirá...” Si creemos verdaderamente en Él como dicen las escrituras entonces de nosotros fluirá un río.

Cuando estamos correctamente alineados con Jesús en nuestro entendimiento, no estamos pidiéndole a Él que nos llene, porque Él ya es en nosotros una fuente de agua. Tenemos que dejar de miramos a nosotros mismos y mirarlo a Él. La doctrina de Jesús es: “Yo soy la Vid, Uds. son los pámpanos”. No vamos a llegar a ser pámpanos porque ya somos pámpanos. Él no lo ve a Ud. tan necesitado, vacío ni seco. Él lo ve a Ud. como su pámpano que está preparado para servir a plenitud. No estamos vacíos ni secos, estamos llenos.

¿Cuándo va a llegar a ser Él una fuente que está fluyendo en Ud.? Ya estamos llenos de agua viva. Hoy es el día de salvación. Es tiempo de quebrar con la carnalidad de nuestra condición. Es tiempo de recibir la Palabra Eterna y de caminar en ella. Es nuestra y es gratis. “Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente” (Apo. 22:17). Es un regalo gratis. Gratuitamente lo ha recibido, gratuitamente se lo dan. Jesús dijo que el don que Él da será un pozo dentro de Ud. Él es esa agua viva y Él se derramará.

Sea lo que Él Quiere que Ud. Sea

No fuimos escogidos para ser uno con Jesús porque somos especiales. Lo que Él vio de especial es que un día íbamos a dejarlo vivir su vida a través de nosotros. Él se casó con nosotros porque lo dejaríamos continuar derramándose como Él siempre lo ha hecho. Sea el vaso que Ud. es, sea un pozo de agua viva. Él se derramará a través de Ud. si es un pozo vivo pero si es un cristiano seco, Él no puede usarlo a Ud. Tenemos que aprender a relacionarnos con Él como su pozo, como su vaso y como su pámpano. Necesitamos cambiar nuestra doctrina, lo cual resultará en un cambio de relación con Jesucristo..

No Soy Yo el que Doy Sino La Muerte del Señor Jesús

Para concluir este libro tenemos que entender un hecho: que Jesús es el agua viva y es Aquel que vive para ser derramado y nosotros somos el canal. El Señor dijo en Juan “estará en él un río de agua que correrá”. Él es lo que está siendo derramado. No es erróneo decir que queremos ser derramados pero es más correcto decir que Jesús está en nosotros para ser derramado por medio de nosotros. Es su naturaleza!

Jesús dijo: “No vine para que me ministren sino para ministrar y dar mi vida”. Esa es su manera de vivir en todas las circunstancias. Por ejemplo, cuando Jesús fue clavado en la cruz la gente le dijo: “Médico, sánese”. Pero no estaba allí para sanarse sino para sanar a otros. Para hacer eso requería que Él se quedara derramado en esa cruz. Su propósito era derramar su Vida, no salvarla.

Esta misma naturaleza puede manifestarse en todos aquellos que le pertenecen a Él. En 2Cor. 4, Pablo mostró que esto le había pasado a él. Primero declaró en el verso 7 que él era únicamente un vaso de barro pero que Jesús era el tesoro dentro de él. Después, en el verso 10 dijo que Jesús había llegado a estar tan unido como la vida de su vaso y que incluso la vida o la muerte que sucedieron en él no eran las suyas propias sino del Señor Jesús. “...siempre estamos entregados a muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal”.

Notemos que ni la muerte ni la vida que estaban sucediendo dentro de Pablo eran de él. Todo fue por la naturaleza de Cristo. El hecho de vivir una “vida derramada” no es cristianismo sino literalmente la “muerte del Señor Jesús”. No era Pablo muriendo. Cristo era la vida de Pablo. Lo que la gente vio que estaba pasando en la vida de Pablo era simplemente Jesús siendo Él mismo en su propio cuerpo. En Pablo esto no sucedió debido a una ardua labor, un esfuerzo difícil o una pérdida – era Cristo!

Esa es la razón por la cual Dios quiere la unión. Gal. 2:20 dice “la vida que ya vivo en la carne” la vivo por la fe en Aquel quien ama hasta el punto de darse de sí mismo. Yo no doy mi vida, más bien es la muerte del Señor Jesús. O sea, que llevamos en nuestros cuerpos mortales la muerte de Jesús. Nosotros no llevamos nuestra propia muerte. El Espíritu Santo quiere hablarle a Ud. de la muerte de Jesús y de su vida resucitada en Ud. En ese sentido no somos mariposas que salen de sus capullos de muerte. Somos el capullo o el lugar de su muerte de donde Él sale en resurrección.

En los ejemplos finales que tenemos de Cristo en relación con su novia vemos un fluir del río de la vida. Ese fluir está procediendo del Cordero que está sobre el trono. Ese Cordero es nuestro esposo. Pero si lo examina con más precisión verá que la corriente viene de otra cosa. Procede de la nueva Jerusalén. El Cordero está entronado en la nueva Jerusalén. ¿Qué es la nueva Jerusalén?

“Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido (Apoc. 21:2).

“Vino entonces a mí uno de los siete ángeles que tenían las siete copas llenas de las siete plagas postreras, y habló conmigo, diciendo: Ven acá, yo te mostraré la desposada, la esposa del Cordero. 10 Y me llevó en el Espíritu a un monte grande y alto, y me mostró la gran ciudad santa de Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios, 11 teniendo la gloria de Dios” (Apoc. 21:9-11ª).

La nueva Jerusalén representa, no una ciudad con edificios donde todos viviremos sino que nos representa como la novia de Cristo. Sentado en el trono de su corazón está el Cordero. Ella está hecha de oro transparente para que todos los que la vean, vean a Jesús en ella. Del Cordero de Dios fluye el río de la vida. Pero ese trono está en ella y también de ella fluye este río, el cual fluye del Cordero sobre el trono y fluye de la novia de Cristo llevando sanidad a todas las naciones. Este fluir no va hacia la nueva Jerusalén ni a la iglesia sino a las naciones. Ella, la iglesia, no es el recipiente sino el canal. Ella está funcionando como un espíritu, teniendo su mente y viviendo como su cuerpo.

Hay muchas canciones sobre “sumergirse en el río” pero no debemos entrar en él sino desatarlo para otros. A la iglesia verdadera no le está faltando nada ni se está muriendo de hambre. No estamos tratando de obtener los beneficios del río porque somos uno con su fuente – el Cordero sobre el trono. Tenemos que dejar de ser una institución que se llama iglesia y empezar a ser su novia. Él está entronado dentro de la nueva Jerusalén, su novia, para cumplir un propósito: para poder manifestarse en la manera que Él siempre ha deseado, derramado. Deje que Jesús se sienta en casa en Ud.