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Un Estudio de la Verdad Por R. T. Nusbaum
Jesús, la Clave Principal
Yo me topo con gente por todos lados que quiere defender la verdad. Algunos quieren defender la verdad de predestinación, otros defienden la verdad en cuanto a la forma correcta del bautismo en el agua. En realidad, miles de personas podrían estar defendiendo la verdad y ninguna de ellos estar defendiendo la misma cosa. Pero si uno realmente va a defender la verdad, entonces debe defender a Jesús como la VERDAD. Para especificar un poco más, déjeme decir que no quiero defender a Jesús como la verdad ni tampoco a Jesús como la verdad en un sentido general. En lugar de esto, me gustaría que estudiáramos la verdad conforme a Jesús, (lea Ef. 4:21). Esta declara que Jesús es la verdad tanto como el hecho de que no hay otra cosa que se pueda considerar la “verdad” si no se encuentra en Cristo. Al ser Jesús considerado como la Verdad, Él llega a ser la verdad levantada entre las otras. El Arca del Pacto no era igual que las otras cosas dentro del Tabernáculo. Estos artículos representaban diferentes verdades, pero el Arca era la presencia real y la realidad de Dios en vez de ser simplemente una sombra de ella. Por eso el Arca no se hizo reverente delante de los otros dioses de los filisteos, sino que todos la reverenciaban a ella (1Sam. 5:1-9). El propósito de este libro es aclarar la distinción entre sombra de la verdad y la Verdad misma. También quiero hacer una distinción entre la Verdad y verdades. El ejemplo del Antiguo Testamento que mencionamos es sobre el Tabernáculo, el cual ensombreció muchas verdades. Aquellos que vieron la mesa de la proposición entendieron ciertas realidades pertenecientes a Cristo. Otra vez, los sacrificios diferentes que sucedieron en el altar nos ayudaron a ver diferentes aspectos de la muerte de Cristo en la cruz. Todas estas cosas nos hablan de las verdades maravillosas que pertenecen a Cristo y, sin embargo, ellas son simplemente sombras de la verdad y no la verdad misma. Sería igual que ver la sombra de la mano pensando que la sombra es más valiosa que la mano misma. No obstante, entrar al Lugar Santísimo llevaba al Sumo Sacerdote a ver cara a cara al Señor. Esto no fue una sombra; era Él en verdad. Uso esta ilustración para ayudarnos a enfocar nuestras mentes en el hecho que Dios usa muchas maneras para comunicar la verdad, pero Cristo es la expresión principal de la verdad porque Él es la Verdad. Aún más, hay muchas verdades bellas en las Escrituras, pero la Persona de Cristo tiene la preeminencia sobre todas las verdades. Él es LA VERDAD. Hay ciertas verdades que se acomodan en diferentes partes de la Biblia y nos ayudan a ver con más claridad, y estamos agradecidos por todas las verdades que Dios le ha abierto a la iglesia. A veces, un hombre descubre alguna clave nueva de la verdad que nos abre áreas nuevas a nosotros, pero Jesús es la clave principal que abre todas las áreas. Cuando hablamos de Jesús como la clave de todo, no estamos hablando de su vida en la tierra ni tampoco de sus enseñanzas, tampoco estamos hablando de su autoridad en la tierra en términos de expresar su Señorío. En vez de esto, estamos refiriéndonos a su naturaleza. Cada área de la verdad tiene un “espíritu”, porque sin el todo sería letra muerta. Dios no solamente quiere que conozcamos la verdad al entender muchas verdades, porque al entender la Verdad encontramos cómo las otras se ordenan en su contexto. Cristo es la Verdad y Dios quiere Verdad “en lo íntimo” (Sal. 51:6) y no solo en doctrina. Últimamente, el asunto no es si reconocemos la verdad en la Biblia sino si Dios cuando mira adentro de nosotros reconoce a su Hijo, la Verdad. Esta Verdad, lo hará libre (lea Jn. 8:32).
Jesús es el Verdadero. Esto tal vez suena diferente para algunos. Estamos acostumbrados a decir que Él es la VERDAD, y ciertamente Él es. Pero cuando pensamos en la verdad, pensamos en la multiplicidad de temas que han sido organizados en doctrinas de lo que es correcto y verdad. En otras palabras, para la mayoría de los cristianos, la verdad es la unión de aquellas ideas que no se pueden cambiar y son correctas. Entonces cuando llamamos a Jesús “la Verdad”, nuestra mente todavía se inclina hacia el pensamiento de que Él es Aquel que ha ordenado y puesto en orden las verdades correctas y ha entregado estas verdades para que las obedezcamos. Nuestras mentes lo entienden a Él como Aquel que es el dador de Verdad más que Aquel que es la suma de toda Verdad. Pero cuando decimos que Jesús es el Verdadero, nos hace pensar y repensar nuestro entendimiento de Él. Un artista puede pintar un atardecer del mar con la mejor habilidad que su talento tiene para ofrecer y, sin embargo, la escena real no se puede pintar en un lienzo. Un cuadro, no importa cuán nítido y de cerca sea, no es lo real y entonces es únicamente una sombra. No importa cuán exacta sea la semejanza del retrato, todavía no es la realidad. Igualmente, podemos ser engañados por una claridad y destreza mayor al formar doctrinas a menos que conozcamos al Verdadero. ¿Esta tierra y su realidad son lo que Ud. considera “lo real”, entonces está Ud. ciego a realidades más altas? Nuestro trabajo es dejar las sombras, no importa cuán exactas sean al retrato (como el cuadro del atardecer), por la Verdad. Una sombra o una pintura no son nada más que una ilustración, no importa cuántos piropos un artista pueda recibir sobre cuán real se ve o porque nos hace sentir como si estuviéramos cerca del mar. Tipos y Sombras La Biblia Dios usa tipos y sombras para explicarnos la Verdad. La intención de estas cosas no era simplemente darle la sombra a la verdad sino llevarnos a la Verdad. En algunos casos la palabra “verdadera” se añade para ayudarnos a entender la realidad mayor. Jesús es el “Verdadero”. Por ejemplo, Jesús dijo: “Yo soy la Vid Verdadera” (Jn. 15:1). De todas las vides que han existido, Jesús es el Verdadero mientras que todas las demás son solo tipos y sombras. No importan cuán reales sean ellas o cuánta sustancia posean como una vid real, solo Jesús es el Verdadero. Nadie puede negar que una mata de vid es una vid real, pero aún así no es la Vid Verdadera. Ahora, si podemos entender esta idea en cuanto la Vid, entendámosla con respecto a los otros temas también. Tenemos que abrazar a Cristo como el Verdadero y dejar de tratar de poner como base de nuestra realidad cosas que fueron puestas para dirigirnos a Aquel, el Verdadero. Para un creyente reconocer que Jesús es la Vid Verdadera sobre todas las otras vides es un paso fácil, y la mayoría de los cristianos no tropieza cuando habla de Cristo como el Verdadero. Sin embargo, encontramos que esto es más difícil con ciertas doctrinas que están más cerca del corazón como nuestra relación con el Padre y los cinco oficios del ministerio. Aquellos que tienen un interés personal en estas áreas no están tan dispuestos a proclamar que lo que ellos han estado enfatizando son puramente sombras de algo que explota en la superficie y llena esta área con ser el Verdadero. Parece que hay tanta sustancia en lo que estamos haciendo y le hemos acreditado tanto honor, que aun la declaración de Cristo como el Verdadero se siente como si algo santo y digno estuviera siendo pisoteado. Si una persona no ha visto la realidad de Cristo como la Vid Verdadera, ni tampoco ha llegado a tener la convicción sin más duda de que todas las otras vides solo existen como una declaración de que nosotros deberíamos encontrar al Único y Verdadero, entonces esta persona recibirá y será refrescada por las sombras de la Vid. ¿Cómo es que uno que está siendo refrescado por las otras vides puede poner más énfasis sobre Cristo? ¡Esta persona será completamente incapaz de hacerlo! ¿Quién, entonces, podría condenar a una persona que hace esto? Cada título ministerial y cada sombra de cualquier tema existe porque hubo primero un Verdadero que llegó antes. “Porque de Él, y por Él, y para Él, son todas las cosas” (Rom. 11:36). No importa cuánto estas áreas han llegado a ser el punto vital en nuestro ministerio y sistema de creencias, ellas son todavía sombras que están con mucho empeño pidiéndonos ver más allá de ellas para ver a Aquel el Verdadero. Sin embargo, la venida del Verdadero será el fin de la sombra. Solamente el Verdadero puede matar la necesidad de la sombra. Aun una sombra puede resistir la llegada del Verdadero que le ha permitido existir pero ahora está siendo reemplazada con la venida del Verdadero. Entonces podemos ver que nuestras doctrinas, títulos y posiciones parecen amenazadas cuando nos encontramos resistiendo la venida del Señor como el cumplimiento. El Fracaso de Israel Moisés es un ejemplo excelente para hacernos ver qué es lo que tenemos que dejar de lo viejo para permitir que Cristo sea el cumplimiento. Él fue el dador de la Ley, pero era también un profeta. Más específicamente, Moisés nos dio a nosotros cada parte de la Ley que Dios quería que obedeciéramos, pero él también habló proféticamente de lo que había de venir. En Deuteronomio 18:15, él le dice a Israel que al que había de venir, vendría de “...tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; A Él OIRÉIS...” o sea, Moisés les estaba diciendo a ellos que no debían escuchar más la Ley, ni obedecer sus ordenanzas y más bien honrar a Aquel que daba la Ley cuando el cumplimiento de todas las cosas apareciera. Moisés y la Ley habían tenido su lugar en ser correctos y verdades por un tiempo, pero Jesús era el Verdadero del cual todo lo demás era solo una representación. La sombra llega a ser inútil cuando aparece lo real. Una razón por la cual protegemos tanto nuestros temas es porque ellos muchas veces parecen ser las palabras santas del Eterno Dios, las cuales nos han sido entregadas para que las cuidemos. En nuestras mentes está Dios y hay muchas cosas de Dios que deben ser tratadas como cosas santas también. En este punto exactamente es donde Israel se tropezó. Los judíos vivieron en la tierra de los tipos y sombras, todas estas cosas existieron para dirigirlos a Aquel que iba a venir. Pero antes de que naciera Jesús, los judíos habían hecho su Ley, ayunos, lavados y aun sus propias tradiciones, para ser su propio cumplimiento tanto en ellos como por ellos. Entonces cuando la Luz y el Verdadero de todas estas cosas finalmente llegó para poder ser honrado por aquellos a quienes Él les había confiado fielmente esas sombras, se levantaron y trataron de destruir a Aquel que sus sombras estaban tratando de señalar. ¿Por qué? Porque Él mostró que todas las cosas santas de ellos eran necias y no tenían sustancia a la luz de Él. Por supuesto, todos podemos ver este fracaso en relación con Israel, pero fallamos en ver que muchos en la iglesia están en la misma trampa. Como Dios con Israel, así es Cristo con la iglesia. Él nos entrega ciertas verdades, oficios, títulos y temas pero al tiempo las elevamos a la estatura de un “dios”. Entonces cuando alguien proclama que Cristo es el único Verdadero de estas cosas, tal vez encontramos que la “resistencia santa” empieza a levantarse adentro de nosotros. Tal vez estemos listos para recibir lo que destruiría nuestro “templo” y lo levantamos en tres días (lea Jn. 2:19). Entonces el ciclo empieza de nuevo. Los Escribas y Fariseos Ofendidos “En el principio”, existía solo Dios (lea Jn. 1:1). Después TODAS LAS COSAS salieron de Él. Pero cuando el fin llega por la aparición de Cristo, todas estas cosas son traídas a Él y sumadas en Él. Este es el plan de Dios. Sin embargo, el hombre se enamora de “las cosas”, las disfruta, las manipula y las eleva a tal lugar que aun si Dios viene en la carne Él es rechazado, atacado y dejado de lado por su declaración de que Él es el único YO SOY. Las escribas y los fariseos durante el tiempo de Jesús se habían puesto en una alta posición. Estos “hombres santos” que resistieron a Jesús más fuertemente mantuvieron el poder por sus títulos y tuvieron el honor por medio de la virtud del ministerio. Ellos llevaban las de perder. No era algo poco común escuchar a tales hombres hablar de su deseo de que Dios recibiera toda la gloria. Ellos estaban dispuestos a que Cristo fuera levantado hasta cierto punto, pero que Él llenara todas las cosas, entonces eso era más de lo que ellos podían aceptar. ¿Me gustaría saber si el hombre que ocupaba el puesto del Sumo Sacerdote aceptaría que nunca había habido ningún sumo sacerdote verdadero hasta que Jesús llegó? ¿Se quitaría su ropa necia que parecía tan santa y dirigiría su todo honor a ser vestido únicamente con Cristo? ¿Convocaría a toda la gente a los pies del único Verdadero para adorarlo solo a Él? Tristemente, la repuesta es no. En vez de esto, el sacerdote terrenal cosió el velo roto, se arregló y se echó encima el honor que le pertenece solo al Único. Al sugerir Jesús que su cuerpo físico es el templo verdadero de lo que el gran templo santo era, relegó el ministerio de los sacerdotes a pura necedad. ¿Cómo pudieron soportar una elevación de Cristo A TAL GRADO? Entonces para los fariseos y las escribas, no era suficiente solo continuar sirviendo a una sombra distante. Ellos también tenían que usar cualquier poder que tenían para extinguir la Luz VERDADERA, porque la existencia del Verdadero, si lo recibían, les quitaría sus puestos, títulos y temas y Cristo tomaría su lugar y llegaría a ser el Todo. No había otra opción para ellos sino poner todo su esfuerzo en rechazar a Jesús. Aun con lo que le hizo el sistema religioso judío a Él, no pudo quitar el hecho de que ÉL era y siempre sería, el Verdadero. Al crucificarlo a Él, ellos facilitaron la manifestación del sacrificio Verdadero y cada acción de cualquier hombre desde entonces sería solo “agradar en la carne” (Gál. 6:12) y “culto voluntario” (Col. 2:23). Aunque los fariseos mismos nunca admitieron que el Verdadero había llegado, sin embargo, el Verdadero ya había llegado. Aunque el judaísmo nunca aceptaría a su Mesías, su Mesías ya había venido. Señalando a Cristo como el Verdadero Permitirle a Cristo tomar su lugar correcto en todas las áreas requerirá una muerte de nuestra parte. En vez de funcionar por el título, Dios quiere que funcionemos por la Vida – Su Vida. En vez de tomar el honor para nosotros, debemos continuar señalándole a la gente a Cristo. Tenemos que confiar en que al empezar ellos a agarrarse de Cristo como el Verdadero de todas las cosas, entonces quizá ellos verán a este mismo Cristo viviendo por medio de nosotros. No vamos a tener que decirles cómo deben relacionarse con nosotros por la ley ni por el precepto porque ellos se relacionarán con Cristo y no con el hombre. Muchos cristianos viven en la tierra y honran las sombras que estaban puestas en el Antiguo Testamento como si ellas todavía tuvieran validez. Llamamos al domingo el día del Señor aunque nunca entramos al Día quien es el Señor. En otras palabras, todavía honramos instituciones terrenales mientras que nos mantenemos en la oscuridad en cuanto a la obra terminada de la Cruz. Los judaizadores querían mantener la circuncisión, pero Pablo dijo que ninguna cosa en la tierra, ni la circuncisión ni la incircunsición, puede hacer nada sino solo lo que se encuentra en la Nueva Creación (lea Gál. 6:15). No hay ninguna ordenanza en la tierra que pueda hacer al hombre justo. Lo que Dios hizo en su Hijo es lo que nos hace ser aceptados en el Amado (lea Ef. 1:6). Tratar hacer un método para relacionarse con el Señor del viejo, y rechazado sistema de la Ley es mantener a su pueblo separado de Él en vez de llevarlo cerca de Él. ¿Quién puede explicar estas cosas adecuadamente? Por supuesto, yo no. Pero el principio básico es este: Solo Cristo es el Verdadero. Todas las otras verdades en sí no tienen significado sino cuando ellas señalan hacia el Único y el Verdadero. No debemos señalar al Verdadero para ayudar a explicar y dar un entendimiento medido a la sombra. Todos nuestros esfuerzos son para abrir los ojos de la gente para ver a Cristo, y cuando ellos lo vean a Él, ellos encontrarán una relación sustanciosa basada en lo que no pasará. El Fin de Todas las Cosas Jesús dijo: “Hecho está” (Ap. 16:17) y “Yo soy el Alfa y el Omega” (Ap. 1:8). La obra terminada se relaciona con lo que Jesús ya ha hecho y con lo que está fijo en la mente de Dios. Pero estos versículos hablan de la gran obra del Espíritu Santo, quien muestra que todas las cosas, desde el principio al fin, están incluidas en Cristo y tienen su realidad en la Vida de Cristo. Tal obra del Espíritu no está completa hasta que el principio y el fin – incluyendo todo entre estos dos puntos – no sean Cristo. Esto incluye más que simplemente un entendimiento de todas las verdades, porque cada una de estas verdades no son individuales ni desconectadas, sino que encuentran su cumplimiento y significado por su Vida. Tomemos, por ejemplo, la verdad de nuestra justicia delante de Dios. Debemos ir más allá de que Cristo nos hizo justos a saber que Cristo es nuestra justicia. En vez de tratar de vivir para Dios, debemos saber que Cristo es nuestra única Vida. Todo lo que sabemos de Cristo debe ser consumido en Él para que con Pablo podamos decir de Cristo: “El cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención (1Cor. 1:30)”. ¡En vez de saber todos estos términos como verdades para ser entendidas y enseñadas, debemos ver que Cristo ES todas estas cosas! La noche reina en la oscuridad. Las sombras son todo lo que queda de la noche cuando el sol se va. La cercanía del Hijo en su vida determina cuánta oscuridad está en su vista y entonces cuántas sombras están en su vida y dónde. Si para Ud. Cristo está directamente arriba y en el centro, allí no tendrá sombras. Si en su entendimiento Él apenas está siendo levantado (significa que Ud. no lo ve en su llenura), entonces tendrá muchas sombras en su pensamiento. Él es el primero y el último. Como el primero, Él estuvo o existía antes de las sombras del Antiguo Testamento. Él es el fin. Él quita todo lo que no es de Él y es el último de todas las cosas. Consumido o Sumado en Él Todas las áreas de verdad y doctrina pueden caer en dos categorías: son sometidas o consumidas en Cristo. Ellas están consumidas por Cristo, o están bajo nuestros pies todavía para ser reveladas. Si una verdad va a mantenerse como una “verdad de la tierra” y no será consumida en Él, como Él, entonces la cosa debe ser sometida para siempre mantenerse en la tierra, no teniendo parte de Él sino debajo de Él. No me motivará, controlará ni moverá porque ya está sometida. No puede reinar su doctrina sobre mí y causar que me arrodille ante ella. Cualquier área de la verdad que no haya sido consumida en Cristo es inmediatamente sometida y dada a la tierra. No quiero honrarla en ninguna manera, porque todo mi honor va hacia Cristo. Si Él no es visto en ella, entonces no merece nada de honor. No puede ser exaltada más allá de la tierra sino que debe permanecer en la tierra como parte de la tierra. Para mí no tiene nada de vida porque Cristo es la Vida de todas las cosas – la cual está en Él.
Algo que tal vez que nos podría ayudar a entender a Jesús como “El Verdadero” sería ver con más detalle las sombras y ver cómo es que Jesús las cumplió. Echemos un vistazo de eso al examinar el ejemplo de las vides terrenales en contraste con la Vid Verdadera en el capítulo anterior, pero hay otros ejemplos mucho mejores en el Antiguo Testamento. El libro de Hebreos está lleno de ejemplos de sombras del Antiguo Testamento y declaraciones de que el Verdadero ha llegado. Cuando el Verdadero viene, la sombra ya no es necesaria. Cosas como el templo, el sumo sacerdote, los sacrificios y los artículos en el Tabernáculo nunca eran el Verdadero; ellas solo lo representaban. En este capítulo quiero mostrar cómo Jesús era el gran “cumplidor” de todas las cosas, lo cual significa que Él era el Verdadero que había de venir y el Único que Dios siempre había intentado enviar. Aun por muchos de sus hechos y dichos durante su ministerio en la tierra encontramos que Jesús cumplió muchos pasajes de la Escritura. Quiero también que demos un paso más allá para mostrar con más detalle que Jesús es la Verdad, basados en Él como el “cumplidor”, a verlo como la idea de Cristo como el cumplimiento. Sin embargo, esta segunda realidad será desarrollada en el último capítulo. ¿Qué es Cumplidor y el Cumplimiento? Jesús es, ambos, el cumplidor y el cumplimiento. Hay una distinción grande entre estos dos títulos. Cada título representa un aspecto particular de la obra de Cristo. El anterior describe aquel trabajo que Él hizo en la tierra durante su encarnación, y el otro describe lo que ha sido cumplido en los lugares celestiales en Cristo como resultado de su resurrección. Ambos son importantes, pero parece que mientras que la mayoría de los cristianos entienden la encarnación, pocos han entendido lo que significa encontrarnos en Él. El propósito de este librito es ayudar a clarificar el trabajo de la muerte y resurrección de Jesús y, al hacer esto, permitirle a Él, quien es el cumplimiento, fluir por medio de su cuerpo, la iglesia. Jesús como el Cumplidor Las cosas terrenales son las sombras de las realidades celestiales (Heb. 10:1). Ellas se expresan en sombras, en formas insustanciales de la realidad del Dios invisible. La Vida y la realidad de todas las cosas vienen de los cielos y de Cristo. En la tierra tenemos figuras y sombras de las verdades celestiales. Por ejemplo, Él es la vid verdadera, la vida real, la luz real y el pan real. Él es la vestidura real, la morada real y la roca real. Hemos visto anteriormente que cuando Jesús dijo: “Yo soy la Vid verdadera”, Él nos decía que todas las vides del mundo son símbolos de Él. Él es la realidad divina por la cual las otras son expresiones creadas. Todas lo señalan a Él, lo predican y lo revelan a Él. Todas las cosas son prodigios, figuras o cuadros de Cristo. El propósito por el cual toda la creación fue creada fue para declarar a Cristo en forma de sombra. Por ejemplo, si las vides no hubieran sido creadas, el Señor no hubiera podido hacer una referencia a la vid para revelárseles a sus discípulos. Cuando Jesús vino a la tierra, Él cumplió la Escritura mientras caminó y llevó a cabo todas las cosas que fueron dichas por los profetas (lea Lc. 24:27). Él cumplió los sacrificios, el tabernáculo y el resto de la Ley. El pensamiento del libro de Hebreos es que Cristo es la realidad, en comparación con las demás cosas, que son sombras. De hecho, este es el testimonio de todo el Nuevo Testamento. Pero el hecho de que Jesús vino a la tierra y cumplió toda la Escritura y todos los tipos no es el fin del asunto. En su forma resucitada, que ahora nos incluye, Él es también el cumplimiento. Jesús como el Cumplimiento “Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten; 18 y él es la Cabeza del cuerpo que es la iglesia, el que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia” (Col. 1:17,18). “Dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, 10 de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra” (Ef. 1:9,10). “Y [Dios] sometió TODAS LAS COSAS bajo Sus [los de Cristo] pies, y lo dio por Cabeza sobre TODAS LAS COSAS a la Iglesia” (Ef. 1:22). El decir que Cristo consume – o es el cumplimiento de – todas las cosas lo explica a Él como el cumplimiento. La preeminencia de Jesús sobre todas las cosas no se basa únicamente en su señorío sino sobre el hecho de que Él es el cumplimiento de todas las cosas. Decimos que Jesús es la respuesta. ¿Qué queremos decir con esto? Si decimos que Él es omnipresente y tiene las soluciones de todos nuestros problemas, entonces perdemos el significado mayor de Él como cumplimiento. Él es la respuesta en la que ninguna sombra puede cumplir lo que solo el Verdadero es. Como Él llena la “cosa”, aquella cosa ha encontrado el cumplimiento verdadero, o para ponerlo en una forma diferente, ha cumplido los requisitos para ser valorada como la Respuesta. Cuando Jesús resucitó de los muertos en su cuerpo glorificado, Él llegó a ser el cumplimiento. En este cuerpo resucitado que incluye a todos los creyentes, Él es ya la llenura que llena todo en todo (lea Ef. 1:23). Dios no está buscando nada afuera de su Hijo corporal. No es suficiente que honremos a Jesús como el Mayor de todos, porque el Hijo resucitado es el cumplimiento de todas las cosas. ¿Cómo, entonces, puede tomar otra cosa la preeminencia? Según Colosenses 1:18, Él ya tiene la preeminencia en todas las cosas, Jesús debe estar sobre todo, porque nada y nadie es más que Él. Él no fue llevado a este lugar para poder tratar con todos nuestros problemas; a Él se le dio este lugar para poder llenar todas las cosas. Entonces con su llegada también llegó la Respuesta – o el cumplidor – de todas estas sombras. ¿Cómo pueden tomar las otras verdades la preeminencia cuando nadie tiene la llenura excepto aquellos que tienen a Cristo? Él es todo y está en todo. Por eso no hay lugar para que nada ni nadie sea el cumplimiento ni la respuesta para el creyente. Comparación de Ambos Como Cumplidor, Jesús se deshizo de las ordenanzas y los sacrificios del Antiguo Pacto. Pero debemos llegar a entender cuál era su propósito al salir de la tierra después de que Él había cumplido con este aspecto en particular de su ministerio. Fue para mostrarnos en una forma práctica que todas las cosas habían sido cumplidas en la tierra y entonces la tierra, como la esfera por la cual Él se había movido hasta ese momento, también debía ponerse a un lado. El templo en Jerusalén era una sombra. Cuando Jesús entró al templo de la tierra, este no lo recibió a Él. Este templo iba a ser destruido pronto, y después de esto un nuevo templo sería levantado en los cielos (el Nuevo Hombre). Mt. 24:1-2 dice que la salida de Jesús del templo significó que el sistema ya había terminado para siempre. Cualquier observación al templo terrenal llegaría a un fin con el sistema también, pues el templo terrenal fue rechazado y el templo celestial de su Cuerpo estaba a punto de ser resucitado. Mientras que los discípulos caminaban con Jesús, todavía estaban pensando en el templo terrenal; sin embargo, ellos todavía no habían visto lo que Dios quería que ellos vieran en cuanto al futuro del templo. Tampoco que la tierra nunca iba a ser el lugar final donde iba a ser establecido el templo celestial. Ellos honraron el orden presente en vez de honrar la luz de donde las sombras simplemente reciben sus perfiles. Jesús les dijo que ni un ladrillo del templo viejo iba a quedarse en su lugar. Pero simplemente quitarles la tierra de delante sus ojos no era suficiente; ellos necesitaban tener el templo de su cuerpo levantado ante sus ojos. Jesús habló de esto refiriéndose a su resurrección – la resurrección verdadera del nuevo hombre en Él, como Él mismo. El entendimiento de los discípulos era tan oscuro que la destrucción del templo podía significar solo una cosa: el fin del tiempo y el fin de todas las cosas. Pero lo que no sabían era que, según lo que estaba en el corazón del Padre, la resurrección de Jesús iba traer consigo tanto el fin como el principio, con Cristo como el todo en todo. Por sí sola, la resurrección de Jesús trajo el juicio sobre cada sombra, porque en este punto el Verdadero ya había venido. La Luz verdadera iluminaba brillantemente y perseguía a todas las sombras. En otras palabras, Dios no estaba quitando el templo solo porque Él había decidido hacer una cosa nueva; todas las cosas del templo y la adoración de Israel siempre habían significado sombras del Verdadero que había de venir. Cuando Tito, el emperador romano, descendió sobre Jerusalén, Él no solamente quitó el templo sino que también destruyó la ciudad y dispersó a la gente de la nación judía a las cuatro esquinas del mundo. Los Romanos no solo destruyeron todo, ellos arrancaron las piedras angulares y mandaron las piezas a las partes más lejanas del Imperio Romano, y después ellos araron la tierra donde estaba el templo (lea Jer. 26:18). ¿Por qué hizo Tito un trabajo tan completo de destruir el templo y todo lo que tenía que ver con él? En la mente de Dios, lo viejo había llegado a su fin y necesitábamos encontrar lo nuevo. Hay una unión que ha sido anulada. Dios no honra más a aquellos que le sirven a la sombra. Pero hay una unión espiritual. Él no honra lo que ha sido anulado porque ahora no es nada más que un ejercicio sin vida, inútil. La sombra nunca puede hacer brotar la realidad. Solo la realidad produce una sombra. Sin embargo, hay una diferencia entre la sombra y una expresión real en la tierra. Al resucitar al Nuevo Hombre, Dios escogió hacer el lugar de su involucramiento en los cielos en Cristo. En la tierra, Jesús fue el cumplidor de los tipos y ordenanzas, pero ahora, él ha llegado a ser el cumplimiento de todo en Él mismo. Esto significa que Dios ha finalmente traído en Cristo todo lo que significaba el Antiguo Pacto, haciendo claro donde Dios iba a morar para siempre. Al hacer eso, Él ha declarado en Cristo que la tierra era solo el lugar para demostrar las sombras de lo que Dios siempre había querido que estuviera en los cielos. Cristo es el cumplimiento del corazón de Dios, el cual se satisface con su Nueva Creación. Todo lo que se encuentra en Cristo es una obra terminada. La razón por la cual el trabajo no aparece terminado para muchos de nosotros es porque estamos mirando en la tierra entre las sombras para encontrar lo que se cumple solo en Cristo. Es cierto que Él cumplió muchas cosas en la tierra, pero solo para que estas cosas pudieran ser quitadas para poder traer una nueva creación y orden de las cosas. La cruz fue el lugar donde el cumplidor pudo terminar la vieja creación y su orden, pero la resurrección es donde Él siempre vive como el cumplimiento de lo que las sombras solo representan. Aún más importante, Él es el cumplimiento de todo lo que estaba en el corazón del Padre. Si conocemos a Cristo solamente como el cumplidor, podemos solo creer la obra que fue hecha por Él en la tierra y en su muerte; pero como el cumplimiento, Él es nuestra vida, nuestra luz, nuestra realidad y nuestro todo. El cumplimiento no es la Persona que ha hecho cosas buenas por nosotros sino Aquel quien es todo para nosotros y en nosotros. Si buscamos el cumplimiento, no lo encontraremos en la tierra sino en una Persona que ha resucitado. No estamos viendo que Él ha cumplido cosas, sino que Él es el cumplimiento. Esta forma de ver las cosas no nos informa de los hechos; más bien nos transforma a la misma imagen. Nuestra imagen de nosotros mismos no se conoce más como identidades individuales de la tierra que necesitan la ayuda de Dios; en vez de esto Él ha llegado a ser la imagen a la que nosotros seremos transformados. La Persona y el Lugar del Cumplimiento En nuestras mentes, proclamar la Nueva Creación no es más que declarar que somos salvos, que somos personas cambiadas desde adentro y no estamos ya viviendo en la manera que lo hicimos antes de conocer a Jesús. Pero mucho más que esto, la Nueva Creación es Cristo en su forma resucitada. El Verdadero no es terrenal ni está en la tierra; viene de arriba. Todas las cosas ya están cumplidas en Cristo. Dios se relacionaba con la humanidad en un lugar y ahora Él lo hace en otro. Entonces Jesús en la carne y sangre cumplió cosas de las Escrituras, pero ese Jesús no es el cumplimiento; solo el Jesús resucitado lo es. Esta Nueva Creación no fue hecha con las manos. En vez de eso, fue creada por Dios, en Cristo. El templo del Señor ahora es lo que está reunido en Cristo. La iglesia, la cual es su cuerpo, no debe ser confundida con el grupo de gente que se reúne en los edificios que tal vez saben o no sobre la Nueva Creación. La Iglesia, su cuerpo, es el cumplimiento de Él. Su resurrección nos hace vivir, no como muchos cristianos individuales, sino como un Hombre Nuevo. Puesto que todo cumplimiento verdadero está en y viene de los cielos, entonces aquellos que están en los edificios, las iglesias, no pueden ser el templo verdadero sino simplemente el lugar donde los cielos se manifiestan. Servir a la sombra es suficientemente erróneo, pero lo que no vemos es que al hacerlo, también estamos rechazando el cumplimiento. Todas las cosas deben ser vistas como Él en su forma resucitada, en vez de ser hechas de acuerdo con instituciones terrenales y doctrinas basadas en la idea carnal que tenemos de Cristo. No hay Cumplimiento en la Tierra Como todas las cosas ya han sido cumplidas en Cristo, guardar los mandamientos de Dios no nos lleva más cerca del cumplimiento. No hay nada en la tierra que podamos hacer para manifestar el cumplimiento que está en los cielos. La cruz no solo juzgó la tierra adámica sino el sistema de religión del Viejo Pacto en la tierra llamada Ley. La Nueva Creación no es Ud. ni yo personalmente sino un “Nuevo Él”, quien ha resucitado corporalmente. Solo en Cristo las cosas viejas han pasado y las cosas nuevas llegan a ser nuevas. Si no cree esto, entonces está esperando que esto suceda en la tierra en el futuro en una manera u otra. Este es un misterio de Dios que se dio a conocer en Cristo y solo en Cristo puede ser conocido. Hay solo un lugar donde todo esto es revelado y conocido, se encuentra en Cristo. Si lo busca en otro lugar, no lo verá ni lo recibirá. La mayoría de los cristianos piensan en la salvación en términos terrenales. Para muchos de nosotros la salvación es cuando Dios nos ha sacado de algo malo, como de vivir con las consecuencias de nuestros pecados de ir al infierno. Después de recibir al Señor, continuamos viendo nuestra relación con en esta manera; queremos que Dios nos libere de nuestra circunstancia negativa, del ataque del diablo, de nuestras enfermedades o dificultades económicas. En esta forma, hemos malentendido el significado de la salvación. Jesús tuvo la oportunidad de clamar a su Padre para que Él lo liberara de la cruz, pero rechazó hacerlo. Mt. 26:53-54 dice: “¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles? 54 ¿Pero cómo entonces se cumplirían las Escrituras, de que es necesario que así se haga?” ¿Por qué Jesús no pidió la liberación de su circunstancia negativa? Porque para Jesús, este tipo de liberación no es ni evangelio ni salvación. Debemos entender que la salvación no es sacar al cristiano de algo incómodo sino llevarlo a una relación de ser Uno. El propósito de la salvación no es Ud. sino Cristo en Ud. y Ud. en Él. “En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros” (Jn. 14:20). Este pasaje de la Escritura habla de conocer el misterio en el día que el misterio de la unión es revelado. El misterio no es que la iglesia es su cuerpo y la novia sino que Cristo y la iglesia son Uno en la resurrección. Muchos cristianos solo quieren una liberación temporal y no les importa mucho que lo que está escrito se cumpla en sus vidas. ¡Qué claro es, después de leer en Mt. 26:53-54, que esta mente es contraria a la mente y naturaleza de Cristo! No estamos aquí solo para vivir nuestra existencia personal sino la vida de Él, a quien las Escrituras se deben. Si vivimos su Vida, entonces lo que está escrito ciertamente sucederá. El Papel de las Iglesias Si Cristo es el Verdadero, entonces Él es el valor de todas las cosas. Su cuerpo tiene valor porque Él lo llena. Su cuerpo no solo es su posesión sino el vehículo de su manifestación. Si somos de Él en una manera organizacional, todavía hemos dejado de cumplir nuestro propósito. Debemos ser habitados y llenados. Cuando Cristo empieza a vivir su vida por medio de nosotros, ENTONCES todo se cumple, porque Él es el cumplimiento. La necesidad en la iglesia hoy en día es tener un incremento de Cristo. Un Incremento de Cristo Como no conocemos a Aquel que nos trajo a Él mismo, tenemos un malentendido de lo que es el incremento de Cristo. Pensamos que es teniendo más gente que cree en Cristo. Sin embargo, un incremento de Cristo no tiene que ver con cantidades de gente sino con una expansión de Cristo en nuestras vidas cuando menguamos. Juan dijo: “Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe” (Jn. 3:30). El incremento no implica muchos sino Uno. Más específicamente, el incremento es Cristo viviendo, en muchos o pocos, un incremento ocurre cuando Cristo se permite una expresión mayor de Él mismo a través de los muchos o pocos en quien Él mora. Si un incremento verdadero de Él sucede, entonces se da una disminución de nosotros. Cristo es la medida por la cual Dios juzga el incremento. Efesios capítulo 4 habla de esto. Note el énfasis repetido en estos versículos: “…la medida de la estatura...” (Ef. 4:16), “la gracia conforme a la medida del don de Cristo” (Ef. 4:7). Si Cristo es la medida de todas las cosas, entonces todo debe ser según la medida de Él en cada parte. Esto no se aplica solo a las partes especiales o a partes importantes o aun a las partes que se ministran. Cristo es la medida para todas las partes, porque Él es la medida del todo. Cristo: la Única Satisfacción del Padre Solo Cristo puede realmente satisfacer a Dios, porque Él ha escogido a Cristo para hacerlo (lea Mt. 3:16; Ef. 3:1,7; Col. 1:19). Entonces, solo Cristo puede llevar a cabo el plan de Dios. Para el cristiano, entonces, la única esperanza de satisfacer al Padre es teniendo a Cristo adentro. Jesús dijo: “Sin mí, Ud. no puede hacer nada.” ¡Ahora, acéptelo! Somos capaces de hacer muchas cosas sin Jesús – cierto, lo hacemos todo el tiempo. Pero Él es el cumplimiento. Si no es Cristo, entonces nada se cumple, porque Dios ha sumado todas las cosas en su Hijo. Todo lo que se origina fuera de nosotros, no importa cuán bueno sea, falla en el plan de Dios. Tomemos, por ejemplo, la diferencia entre filantropía cristiana y Cristo ministrando las necesidades de la gente. La primera incluye cristianos haciendo lo que ellos consideran como cosas buenas por su propia fuerza y el otro es Cristo mismo viviendo por medio de un creyente rendido, para que su naturaleza y habilidad sean las cosas que toquen y afecten a los demás. La diferencia entre las dos no es una simple cosa de sujetarse al señorío de Jesús en nuestros asuntos terrenales; esto se trata de la muerte del ‘yo’ para que Cristo pueda vivir en nosotros. Hacer obras cristianas es algo bueno, pero lo sorprendente es que aunque pudiéramos hacer las cosas en nuestra propia fuerza, el plan de Dios es que Cristo sea el cumplimiento y que no solo sea una parte de la cosa hecha. Debemos tener la vida de Cristo primero antes que cualquier sacrificio nos sea aceptado. Tiene que ser “aceptado por Jesucristo”. Debemos pertenecerle a Dios antes de que algo pueda serle ofrecido a Él. Ninguna cosa en una persona que no es salva puede satisfacerle a Dios en absoluto. Cada acto de sacrificio humano aparte de Cristo es un acto de justicia humana. Es únicamente cuando una persona ha llegado a Cristo irrevocablemente que Dios la mueve para hacer un sacrificio de su cuerpo, para que Cristo sea magnificado. Esto significa que ningún acto en sí mismo, aun siendo sacrificial, tiene ningún mérito. Solo los actos que son “por Jesucristo” tienen mérito porque Dios está buscando una Persona en su pueblo, no solo actos y hechos. La conclusión de este asunto es que debemos rendir nuestros cuerpos al Señor para usarlos como Él lo determina. Como hemos dicho, esto no significa hacer cosas para Dios. Cada uno debe rendirse a Cristo, lo cual implica más que simplemente entregarle el día a Él. Debe rendir sus pensamientos mientras toma la mente de Cristo. No se trata de Ud. pensando sus pensamientos ni operando su vida en el servicio de Él, ni de hacer las cosas que Él quiere. No se trata de Ud. en nada sino de Él deseando y haciendo en Ud. Como Jesús rompió el velo, ahora podemos entrar en la presencia santa de Dios en una manera nueva y viva. “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gál. 2:20).
Capítulo Sombra o Realidad Vimos en el primer capítulo cómo Jesús es el Verdadero. Este pensamiento fue más definido y desarrollado en el segundo capítulo al igualar los términos el Verdadero y el cumplidor. Como el cumplidor, Jesús llegó a ser la respuesta para todas las sombras y tipos del Antiguo Testamento y la vieja creación. En el segundo capítulo presentamos también un concepto nuevo de Jesús como el cumplimiento. Hay dos aspectos de esta realidad. El primero, del cual hablamos en el capítulo anterior, es el aspecto de Cristo resucitado que ahora es el cumplimiento de lo que el Antiguo Testamento solo sombreaba. Esto no se trata tanto de Jesús cumpliendo las cosas cuando Él caminaba en la tierra, sino de Cristo en su cuerpo resucitado (que nos incluye a nosotros en Él) siendo en sí mismo el cumplimiento de lo que Dios entendió desde el principio. La intención de Dios es que Cristo en nosotros sea la vida cristiana, y cualquier cosa menos que esto es simplemente un intento religioso del hombre de agradar a Dios aparte de Cristo. Antes de que esto pueda ser descubierto, el hombre tiene que romper con su concepto de cristianismo en la vida terrenal y hacer un cambio hacia la vida en los cielos por el Cristo resucitado. ¿Sombra o Sustancia? Antes de empezar un peregrinaje desde la tierra a los lugares celestiales, debemos distinguir entre lo material y lo espiritual. Para algunos, lo que es espiritual no puede ser sustancial, porque le falta la solidez de la materia. Sin embargo, en la mente de Dios, la fe – no la materia – es la sustancia (lea He. 11:1). Solo por la fe podemos movernos a los lugares altos de lo espiritual. La fe puede mover montañas. ¿Qué significa mover montañas? Significa que la fe lo saca a Ud. del reino de la tierra al quitar el paisaje entero de delante de sus ojos. No importa cuán profundo es el reino de la materia que ha estado delante suyo, Ud. lo puede aniquilar por la fe. Entonces, la función de la fe es darnos la victoria sobre lo menos real al llevarnos más claramente a la realidad de Dios. Despiértese a lo Real Cuando hablamos de lo “menos real” y lo “más real”, estamos refiriéndonos a la diferencia entre la sombra y la realidad. La misma consistencia de las sombras -- de lo que están hechas – es de la oscuridad. La sombra es un perfil vago de lo real pero por sí misma nunca puede ser lo real. Si este es el caso, entonces necesitamos salirnos de las sombras y encontrar la figura real que está detrás de ellas. Algo que tal vez nos pueda ayudar a romper con las sombras es ver que no hay crecimiento entre las sombras, no importa el área de la verdad que exploremos en la Tierra de las Sombras. La tierra está donde se arrojan las sombras, pero los cielos están en el lugar de donde toda la realidad viene. La venida del Reino del Cielo a la tierra no es simplemente un evento escatológico sino un despertar de la sombra a la sustancia, de la confusión al orden y de la muerte a la Vida. Antes de esto, pensamos como niños y vemos solo las realidades llenas de sombras, como si viéramos por un espejo oscuro (lea 1 Cor. 13:12). Cuando nos despertamos, las escamas se caen de nuestros ojos y no vemos más la religión ni la manera justa sino a Jesús mismo, como ocurrió en Los Hechos 9:18. De hecho, un despertar de este tipo es exactamente lo que necesitamos. Una semilla experimenta un despertar igual, porque se despierta a un nuevo mundo entero de crecimiento, luz y fruto una vez que ha crecido fuera de la tierra. Pero para que esto suceda se necesita más que un despertar para la semilla; requiere una muerte al mundo natural como su realidad principal. El Lugar de la Muerte al ‘Yo’ Si estas cosas en cuanto Cristo como el cumplimiento son ciertas, entonces lo que debe ocurrir en la vida del creyente es que Él debe moverse del reino de la tierra y la sombra a un reino de la realidad de Dios y su Hijo resucitado. No estoy hablando solo de creer que Jesús fue resucitado de los muertos hace dos mil años. Estoy hablando de un mundo nuevo de relación con Dios, basado en el poder de su resurrección. El mejor ejemplo en que puedo pensar que ilustra este proceso es la siembra de la semilla. Note que dije ‘la siembra de la semilla’. La mayoría de los cristianos han recibido la semilla correcta, la cual es Cristo (lea Gál. 3:16). Ellos lo recibieron a Él cuando nacieron de nuevo (1 Pe. 1:23). Pero una semilla no solo es lo que se ve con el ojo natural. Tiene un casco externo y un germen interno, donde se encuentra la vida. El germen adentro de la semilla es Cristo. Somos la cáscara y la tierra es el mundo material en que vivimos. Es en este punto, al recibir la semilla, que muchos cristianos han cesado de crecer. Simplemente recibir la semilla parece ser suficiente. Para estos, cumplir el plan de Dios en la tierra solo requiere de recibir la semilla, lo cual se logra con el trabajo de evangelismo. Pero esta semilla debe pasar por una transformación y hacer un peregrinaje por la mortaja de la tierra, a la luz gloriosa del Cristo resucitado. Una Semilla en la Tierra Como dije, tener la semilla correcta (recibir a Cristo como Salvador) es solo el principio aunque muchos piensan que es el fin. La semilla correcta tendrá la vida correcta adentro, al igual que los cristianos, pero una cáscara que tiene la vida correcta adentro no es el fin. La Vida que ha sido recibida debe ir hacia adelante a la resurrección. Dios revela esta verdad en la misma forma que actúa la naturaleza. Una semilla es puesta en la tierra. Está escondida en la tierra para que la vida interna pueda brotar de la tierra que, por supuesto, es el propósito de la siembra de la semilla en primer lugar. Mientras que está en la tierra invernando, no importa cuántas veces el Señor libera la cáscara de sus pruebas, ya que todavía tiene que despertarse en su imagen pues, en verdad, está dormida todavía a la resurrección. Este creyente todavía es una semilla sembrada y rodeada por la tierra. La vida de tal creyente está involucrada con la lucha con lo menos real. Esta lucha carnal resulta en sufrimiento innecesario y tiene como logro principal el ajuste de la tierra para hacer la cáscara un poco más cómoda. Sin embargo, la semilla no se pone en la tierra para ser bendecida y estar cómoda sino para morir. Cuando está enterrada en la tierra, la semilla no puede ver el sol aunque es una semilla verdadera. Tiene que brotar por la materia oscura. Este avance es el resultado de la actividad inherente de la vida profunda que está en la semilla. El sol no tiene poder sin el impulso interno que se empuja por la tierra y va para arriba. La vida de Cristo adentro está siempre empujándonos para brotar de la tierra y entrar a un reino nuevo de crecimiento y fruto de arriba. Esto le sucede únicamente a la semilla que un día llevará fruto. La semilla que busca ser fructífera de verdad dejará el mundo subterráneo de oscuridad y tierra y se moverá al mundo del sol y la luz. La sombra será reemplazada por la sustancia. ESTE lugar de realidad reemplaza las posiciones doctrinales y los sistemas de creencias y se mueve hacia relacionarse con la Vida. De pronto los conceptos viejos de un cielo futuro son reemplazados por un cielo y una nueva tierra. Las “cosas” viejas ya han pasado y todo para el creyente se encuentra en Cristo. Para la cáscara, la garantía del cumplimiento por el cual existe se encuentra en el germen adentro. Toda la esperanza y posibilidades están en el germen y no en la cáscara. El hombre ha intentado cambiar condiciones en la esfera material ignorando lo que él ya posee. Sin embargo, mejorar la tierra que rodea a la cáscara no es la obra primaria del labrador (lea Jn. 15:2) sino cuidar a la Vid para que haya un aumento. Todos los movimientos externos de Dios son temporales y no logran trabajo externo si nosotros mismos (la cáscara) nos mantenemos sin ser conquistados inertes. Para que la semilla tenga éxito debe salir del reino de la tierra como su existencia primaria. Otro ejemplo que tal vez pueda ayudarnos a ver el contraste entre quedarnos en la tierra o vivir desde arriba, se encuentra en las circunstancias físicas de la resurrección. La resurrección de Jesús fue su salida de la tumba de tierra que estuvo allí para encarcelarlo adentro del reino de la tierra. Pero la resurrección de Jesús era Él literalmente safándose de las cadenas de la tierra. ¿Cuál, entonces, puede ser una definición de resurrección? ¡Libertad de la tierra; esto es resurrección! ¿Ha experimentado la resurrección en esta manera? Ciertamente, comprendemos la implicación física de la resurrección y tal vez comprendemos las implicaciones futuras. ¿Pero entendemos verdaderamente el significado espiritual para nosotros ahora mismo? Aun si simplemente discernimos los hechos históricos de la resurrección de Jesús, seguramente vemos cómo esto debe ser aplicado a nuestras vidas en este tiempo. Por ejemplo, Jesús entró al infierno más profundo por los cautivos. Él no fue allí para que se sintieran cómodos en ese lugar; Él los sacó de allí. Ellos quitaron la tierra. Exactamente como una semilla que se estalla de la cautividad de la tierra, ellos salieron con Él y no fueron bloqueados más por la tierra ni separados de Él por la tierra. La obra de Cristo es proclamar la libertad de los cautivos y abrirles las puertas del calabozo a los encadenados. Espiritualmente esto es verdad también y está activo en Ud. mientras llega a ser una obra terminada en Cristo. Para continuar la alegoría, como la semilla puesta en la tierra estamos en un camino que nos lleva hacia arriba. Caer es simplemente ser arrastrado a la tierra otra vez. Pensamos que caer es pecar y no, caer significa vivir victorioso en la tierra. Sin embargo, esta no es la definición de Dios. El alma que busca ser nutrida por la tierra en vez de vivir fielmente morando en Él que está arriba, ya ha caído (lea Col. 3:1-4). Estas realidades deben estar activas en nuestras vidas. La doctrina de la Vid y el pámpano no tiene ningún efecto verdadero; solo su realidad. La victoria verdadera no es evitar el pecado sino el movimiento constante para arriba hacia todo lo que Cristo ha llegado a ser en la resurrección. Este es nuestro destino, porque Él es Aquel con quien hemos sido hechos uno. La Clave de la Victoria Encontrar la clave de la victoria es aprender a vivir desde arriba. El Sal. 18:9 dice que la oscuridad está debajo sus pies. Somos ahora el cuerpo de Jesús y hemos resucitado con Él. Esto significa para nosotros que las sombras están abajo y que somos uno con el Hijo que está arriba. ¿Qué son estas sombras que están bajo sus pies? Como aprendimos en los primeros dos capítulos, son sombras del Antiguo Testamento que no son EL VERDADERO, pero tenían la intención de señalar al Verdadero. Desde que el Hijo ha iluminado, no vivimos más en la tierra ni honramos las sombras puestas por el Antiguo Testamento como si fueran todavía lo real. El Capítulo Uno hablaba de Gál. 6:15 que dice: “Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale nada, ni la incircuncisión, sino una nueva creación.” Cuando Pablo dijo que la Ley y la gracia no se mezclan, él quería decir que las leyes para una creación (el Antiguo Pacto) no se mezclan con las leyes de la nueva creación. En otras palabras, ambos reinos no pueden mezclarse. No podemos traer elementos del Antiguo al Nuevo Pacto, sea la circuncisión, el sacrificio o cualquier otra verdad religiosa. Una vez que hemos encontrado al Verdadero, las sombras nunca podrán poner a un lado a Jesús. Aunque adoramos el domingo y lo llamamos el Día del Señor, entendemos que Cristo es el Día en que hemos entrado y que Él es el reposo, el Sábado. Cesamos de honrar las instituciones terrenales y las visiones religiosas sobre el cumplimiento y somos finalmente capaces de dejar atrás las ordenanzas terrenales que creímos que nos podrían hacer justos. Llegamos a ser establecidos en el Amado, quien es nuestra única base para tener el favor de Dios. Abraham buscó una ciudad y esta es aquella en la que hemos entrado. Sion es esa ciudad. Desde los Salmos encontramos que Sion es el camino para ascender. El problema es que los hombres están buscando en la tierra y no en Jerusalén que está arriba, su novia completa. Si esto continúa, en poco tiempo vamos estar buscando los sacrificios de la vaca roja para señalar el año de júbilo, en vez de buscar el sacrificio de Jesús como el día de la libertad. La segunda área de oscuridad y sombra de la cual hemos sido liberados es el área de los cinco sentidos y las circunstancias terrenales. La respuesta para esto es morar en Cristo de lo alto. Debemos aprender que el secreto bendito para los que están amarrados a la tierra es “sube acá” (lea Ap. 4:1). Esas palabras le fueron dichas a Juan cuando las cosas iban de mal en peor en la tierra. La clave no se encuentra en arreglar la tierra sino en dejarla espiritualmente y morar en Cristo. El llamado “suba acá” no está para frustrar a los que viven en la tierra sino para liberarlos. Permanecer como una semilla que no ha brotado de la tierra es estar en la oscuridad, porque “la oscuridad está debajo de sus pies”. La luz repele la oscuridad. Aún más, Cristo repele las sombras, pero la luz se encuentra solo arriba. Esto se ve claramente en un ejemplo de la naturaleza, en que toda la luz viene a la tierra desde arriba. Si todavía vive por las sombras, Ud. todavía vive en la oscuridad y la luz todavía no ha llegado. ¿Vivir por los Sentidos o por la Vida Espiritual? Nuestros sentidos, los cuales son parte de la cáscara que mencionamos anteriormente, son nuestros enemigos mayores pues quieren encadenarnos en nuestra caminata de resurrección hacia arriba. Nuestros cinco sentidos pueden hundirnos con información del mundo que nos rodea y esta información puede causarnos creer que somos de la tierra, en vez de ser aquellos que viven por la vida de Cristo, que no está ligada a la tierra. Conozco muchos cuyas vidas están nubladas en vez de estar “iluminadas por el Hijo”. Sus movimientos y mirada tienen una sombra guindando sobre ellos. ¿Dónde está la luz brillante del Hijo de Dios? En la multitud de nuestros pensamientos y preocupaciones hay solo una esperanza: darles la espalda a estos pensamientos y a este reino y entrar por la puerta abierta del cielo. Al permitirnos nosotros mismos caer en la tierra y morir, nuestra cáscara – y lo que tantos de creyentes consideraran ser – empieza a decaer, dando espacio para que la Vida del germen adentro se expanda y crezca. Esa Vida, que es Cristo, no vive por nuestros sentidos y al aprender a dejarlo vivir a Él, nos encontramos libres del dominio de ellos. La muerte y el temor son conquistados por el sacrificio de los sentidos para poder vivir arriba. Al dejar que el yo se derrita para que Cristo pueda poseer lo que es de Él, las cosas de pronto se aclaran: Solo Él es todo en todo, Él es el Gran Yo Soy. La claridad purifica. En algunos casos limpia, y en otros casos es como un fuego que refina. El efecto del fuego refinador es algo bueno aunque no parece ser muy cómodo. Tal vez sentimos que el lavado del agua es preferible y que no quisiéramos el fuego refinador, pero ambos logran el propósito de la purificación. Ud. es purificado de vivir por las motivaciones terrenales y las circunstancias para vivir basado en los principios espirituales de la vida de Cristo. Desde este lugar arriba, los sentidos no gobiernan sino que simplemente ofrecen sugerencias desde su dominio, las cuales nunca serán escuchadas. Vivir la Vida Arriba en la Luz ¿Qué es lo que ve Ud. cuando ve a Jesús? ¿Ud. ve al Padre (Jn. 14:9) o ve un misterio grande que bendice a la gente (Jn. 6:24-26)? Como Ud. ve a Jesús dirá mucho de si Ud. ha entrado o no en su muerte y resurrección. Su visión del Jesús con quien Ud. está involucrado en el presente mostrará el tipo de identidad con respecto al que Ud. ha abrazado. El Jesús que ya está glorificado es Aquel que fue resucitado de lo alto. En otras palabras, no queremos que Jesús solo sea glorificado sino que el Jesús que está arriba sea glorificado. Para glorificar al Jesús resucitado en nuestras vidas, debemos buscar un entendimiento de las cosas de la tierra y encontrar la Vida Verdadera. Debemos estar buscando conformarnos a lo que está arriba. La meta de Dios es cambiarnos a otra naturaleza para que solo seamos movidos por sus deseos. Demasiados cristianos han estado tratando de buscar las respuestas desde afuera de ellos mismos, pero ningún cambio externo puede cambiar lo que Ud. es. Esta realidad debe tomar posesión de nuestra forma de ver las cosas y de proceder. Un conocimiento más alto de Dios debe moverse más allá de nuestro contenedor terrenal, el cual está atrapado en el tiempo. Sin embargo, la mayoría de los cristianos han sido atrapados en el tiempo y el espacio y viven sus vidas en el mundo subterráneo. Sin embargo, la meta es lograr el llamado más alto, no solo lograr alguna meta ministerial en esta tierra. Necesitamos ser trasladados de lo personal a lo que nos rodea, lo cual solo se encuentra en Cristo (lea Col. 1:12-13). La Identidad con el Cristo Resucitado Los discípulos tuvieron que perder la identidad terrenal que ellos habían construido alrededor de Jesús de Nazaret. Esta pérdida de identidad fue una pérdida de Jesús de Nazaret a cambio del Nuevo Hombre resucitado. Mientras Jesús caminaba en la tierra, Él tenía la identidad de “un hombre bueno” y la identidad de un “vaso” que reveló al Padre. Eventualmente, Jesús dijo que Él tenía que irse porque el Jesús que los discípulos habían entendido no iba a beneficiarlos (lea Jn. 14). Esa había sido una buena identidad, y tal vez aún mejor que cualquier cosa que había llegado antes, pero no era el pensamiento de Dios en cuanto a su Hijo. La salida de Jesús fue un arrancarse a sí mismo de los discípulos como una personalidad para poder mandar a su Espíritu que lo iba a revelar como el TODO en todo. En esa manera, Él se iba a revelar adentro de ellos para no ser más alguien externo y separado de ellos. El acto de Jesús de alejarse de ellos fue para separar lo que se podía separar y que así pudiéramos estar unidos a Él para siempre. La pérdida de la personalidad de Jesús terminará en una gran ganancia de Jesús para nosotros. ¿En qué manera ganamos al identificarnos con el Cristo resucitado? Después de su resurrección, Jesús llegó a ser el cumplimiento de todas las cosas, o EL VERDADERO. Los discípulos no conocieron a ese Jesús durante su caminata en la tierra. El Cristo resucitado, quien es el cumplimiento, es Aquel que necesitamos conocer, aun a costa de la pérdida del Jesús terrenal. Si es verdad que ya somos uno con el Cristo resucitado y si también es cierto que debemos dejar que la relación de Jesús de Nazaret desaparezca, entonces también sería verdad que nosotros tendríamos que tomar una identidad nueva. En otras palabras, debemos vernos a nosotros mismos desde arriba tomando de todos los recursos de la Vid. La pérdida de nuestra identidad personal es para que el Verdadero tenga la identidad verdadera, la identidad eterna. Las Limitaciones de Nuestra Vida Nuestra identidad personal y la vida terrenal está llena de limitaciones. Somos solo capaces de tomar de los recursos que poseemos naturalmente. Funcionamos por los cinco sentidos y, por eso, fracasamos por las apariencias. Nuestra habilidad para funcionar está limitada por el tiempo y la distancia, entonces constantemente somos confrontados con nuestras limitaciones. Estamos ciegos y sordos al reino de Dios y a todos los recursos que son accesibles por Él. Nuestros ojos no están abiertos a la vida de arriba. Es la diferencia entre ver de verdad y no ver nada. Nuestra ceguera y nuestros sentimientos siempre están tratando de sentir la presencia inmediata de Dios, pero en su reino, tales cosas no son necesarias por la unión constante que hay con Él, entonces no estamos limitados por lo que sentimos en el momento. Muchos quieren un resultado temporal en vez de lo que está establecido en los cielos. Estamos divididos de lo mejor de Dios porque confiamos en los sentidos. Buscar a Dios por los sentidos es inútil, aun si ganáramos el reino de los sentidos no sería ganancia porque lo que Dios quiere para nosotros no se puede ganar por los sentidos. Está hecho en Cristo, pero se necesita la cooperación de nuestra fe. Como dije, nuestra identidad personal está llena de limitaciones, pero Él no. Por ejemplo, ganar la paz basado en su propia identidad es encontrar paz temporal en una circunstancia, pero considere la paz que es nuestra por la unión con el Cristo resucitado. Como Aquel que está resucitado, Jesús es ahora el Príncipe de Paz. ¿Por qué nuestra comprensión de Jesús como Príncipe de Paz debería primeramente estar basada en algún concepto externo? Si estamos unidos a Él, entonces vivir desde arriba nos da esa paz para reinar ya sobre las almas de la gente que es de Él. Pero para los cristianos que viven en la tierra, Jesús el Príncipe de Paz tiene muy poco efecto sobre ellos excepto cuando buscan la paz temporal desde un punto muy lejano de benevolencia. Muchos no piensan en su vida interior como algo unido a un recurso sin límites, pero vemos claramente en las Escrituras que el río sanador fluye de en medio del trono y del Cordero DESDE LA NOVIA DE CRISTO. La parte negativa es que vivimos por la tierra y sus motivaciones, somos susceptibles a los engaños del príncipe de la oscuridad, porque él reina en la oscuridad. El hombre puede hacer una imitación de la luz llamada foco. Su luz no viene de arriba; es una imitación. Cuando su iluminación se compara con la luz del sol, el foco se ve tonto. Pero alguien que vive en el mundo de las sombras y la tierra sin un entendimiento profundo de Cristo como el Verdadero podría ser impresionado por la imitación de la luz. Satanás aparece como un ángel de luz (2 Cor.11:14). Un ángel de luz solo imita. Imita la realidad. Su luz nos parece real porque nuestros sentidos pueden ser engañados, pero es oscuridad. Nuestra esperanza mayor para mantenernos libres de engaño no se basa en tener un conocimiento de todas las doctrinas y la verdad, sino en llenar nuestra visión en la Luz de la Vida. El Tirón de la Tierra Otro peligro que amenaza nuestra conexión con la Vida al Señor es la atracción del mundo. El hombre encuentra que la atracción de la tierra es grande y que entrar a los cielos es difícil. Es muy parecido a la ley de gravedad. La meta más alta del hijo de Dios no debería estar puesta en la tierra, ni en el espacio ni en el ministerio. El hijo de Dios debería querer lo que Jesús quiere. Pero lo que Jesús quiere no puede ser cumplido en la tierra. El problema es que muchos han puesto sus raíces en la existencia de la tierra en casi la misma manera que lo hicieron los judíos que estaban cómodos en la tierra de Babilonia y que no regresarían con Esdras y Nehemías a Israel. La motivación que los mantuvo allí en Babilonia fue el deseo de comodidad y de poner sus vidas en la tierra antes del propósito de Dios en la Tierra Prometida. El armamento que usa el cristiano para combatir a Dios es el ‘yo’. Pero debemos llegar a estar desarmados o “sin el yo”. Una vida altruista o desinteresada ve algo más grande que solo lo que se encuentra dentro de sus propias paredes de tierra, porque la visión de Jesús es mucho más amplia que solo lo que le interesa a la carne. Las Escrituras hablan de ser engañados por el diablo, pero ellos también tienen mucho que decir sobre autoengaño. Hay un engaño que es bueno, limpio y cristiano. La mayoría de los cristianos viven respetuosamente ante Dios pero lo hacen en una dimensión terrenal. Demasiada gente ama la tierra y tratan de levantarla a otro nivel para Dios. Pero Dios quiere que dejemos atrás nuestra existencia terrenal y entremos a una forma diferente de relacionarnos con Él. La Necesidad de la Muerte Jesús dijo: “Sígame” pero Él también dijo: “Niéguese a sí mismo”. Él no nos dijo que santificáramos nuestra vida sino que la negáramos. La renunciación es el acto completo y deliberado de abandono de la vida sujeta a los sentidos. Es el acto de renunciar a todos los derechos de la vida de uno. ¿Es Ud. una criatura nueva en doctrina solamente? Para muchos cristianos este es el caso que se evidencia por sus vidas, las cuales están marcadas por el fracaso y limitaciones constantes. La tierra les estorba, pero ellos no saben qué hacer con ella. Las Paredes de la Carne El problema está en el hecho de que quieren vencer el jalón de la gravedad de la tierra sin salir del planeta. El corazón que desea a Dios está correcto, pero el lugar donde muchos de los cristianos, bien intencionados, tratan de vivir es erróneo. Por ejemplo, tratamos de sobrevencer la división aunque seguimos viviendo en la tierra. La vida de la tierra está llena de paredes, y las paredes de la vida en la tierra nos separan del Señor y de otros. En el reino de la tierra, estamos rodeados de paredes. Mi carne me encaja como una entidad y la tuya lo hace también. Las paredes de su iglesia lo separan a Ud. de otras iglesias y la iglesia como un todo está aislada del mundo por las paredes. La clave para arreglar las divisiones de la tierra no se encuentra en los medios terrenales. Vemos un ejemplo de la caída los muros de Jericó. Jericó fue la primer ciudad que Israel tuvo que enfrentar en su camino a la Tierra Prometida. Es una ilustración de salir del desierto de esta tierra y de entrar a todo lo que Dios tiene para nosotros en Cristo. En Él no hay oscuridad en absoluto y todas las paredes se caen delante de Él. Allí ya Rahab no está rodeada por sus paredes cananitas que le impiden a ella ser una de las hijas de Dios. Estas fueron destruidas y ella llegó a ser aceptada. Pero las mismas paredes que Dios destruyó para nosotros nos van a parecer fuertes, fortificadas e inamovibles mientras nos mantengamos en la tierra. Nosotros llegamos a ser encajados por nuestros conceptos terrenales. Pero Rahab salió de los confines de Jericó y llegó a ser parte del linaje que trajo a Jesús al mundo (lea Mt. 1:5). Ella lo hizo por un salto de fe que la sacó de su identidad terrenal al creer en la identidad de Dios que le trajo a ella la idea de separación. La mayoría fracasan porque ellos ignoran cuán completa es la obra en Cristo. Pasando de la Sombra a la Sustancia Para poder alcanzar la meta final de Dios, Él a veces disciplinará para corregir nuestros puntos de vistas y acciones que nos llevan en una dirección contraria a su realidad. Deberíamos ayudarle a Él a disciplinarnos, a estar solo de acuerdo con la Palabra de Dios y a repudiar todas las sugerencias de que estamos todavía separados. Pero cuando continuamos caminando en la oscuridad de la tierra, no solamente estamos violando la verdad como aquellos que quebrantan las leyes; violamos la realidad porque vivimos en condiciones falsas y llenas de sombras. Debemos entender que no solo estamos tratando de sobrevencer las condiciones falsas sino de despertarnos a la realidad. Debemos estar “vivos para Dios” (lea Ro. 6:11) y no solo despiertos a su existencia. Para el Dios que estamos vivos es para Aquel en quien vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser (Hec. 17:28). Este es el centro de la Vida. Ningún pasado malo ni un futuro incierto tienen poder en Cristo. Ud. no está viviendo en el momento únicamente o en el presente en cada momento, Ud. vive en la realidad de otra Vida. En Él no hay falta, solo llenura. El Jesús con quien debemos involucrarnos es Aquel de arriba. Jesús no nos dijo que pensáramos en la vida de la tierra sino que pusiéramos nuestra mirada en lo de arriba (Col. 3:1-4). El mismo pasaje sigue diciendo: “Porque habéis muerto...” Lo que los muertos necesitan hacer para poder ser libres de la hediondez y la corrupción de la muerte es enterrar a los muertos. Somos los muertos, pero reaccionamos a nuestra propia hediondez y seguimos tratando de encontrar fórmulas y recetas para no parecer ni oler como muertos. Necesitamos enterrar a los muertos (nosotros mismos) con Cristo. Después necesitamos permitir que otra Vida, la de Cristo, se ponga delante de Dios como nuestra fragancia. Él llega a ser un olor dulce. Esta es la respuesta. Los cielos llegan a ser mayores que la tierra cuando uno deja que estos reinen. Hasta que lo hagamos así, la gravedad de la tierra será demasiado fuerte. ¿Cómo hacemos que Cristo sea la cabeza? La respuesta es descubrir que la mente está en la cabeza. Cuando su mente va por todas las partes del cuerpo, entonces Él es la cabeza. Si permitimos que percepciones, circunstancias o razonamientos ganen la supremacía, entonces Jesús es nuestro Redentor pero no nuestra Cabeza. Cuando esto sucede, Ud. ha caído en el dominio de los sentidos. La gran meta de Dios es llevarnos del plano de la
tierra a la esfera del cielo. Esta no es una meta futurística
sino la forma como los cristianos deberían vivir ya. La victoria
que lo hace posible es verdaderamente como una muerte, donde Ud.
llega a estar muerto al mundo (lea Gál. 6:14). Un nuevo amanecer
llega.
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