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Rompiendo con Ismael

Por R. T. Nusbaum

Capítulo Uno

Esperando Por Isaac


La batalla entre Ismael e Isaac ha sido muy prolongada. Hoy en día vemos la semilla de Ismael (árabes) y la semilla de Isaac (judíos) siempre peleando uno con otro. Su historia empieza con Abraham, el padre de las dos naciones. El fundamento de su historia se basa en dos áreas principales: cuál es el método que Ud. usará para la semilla y cuál será la semilla que Ud. aceptará como el cumplimiento de la promesa de Dios.

La historia empieza cuando Dios llama a Abraham de un país muy lejano a la tierra de Canaán. Aunque él y su esposa, Sara, eran muy mayores, Dios les prometió a ellos una semilla de la cual nacería de Israel. Por razones de la edad de Abraham y por la esterilidad de Sara, esta promesa les pareció imposible, sin embargo, Abraham le creyó a Dios. A pesar de esto, Dios no manifestó inmediatamente su promesa. Él esperó unos 25 años hasta que Abraham cumpliera casi los 100 años. Fue durante este período que Abraham fue arduamente probado para ver cuáles eran los métodos que Dios iba a usar para llevar a cabo su promesa.

Este mismo período de espera y tiempo de prueba se aplica a los cristianos hoy en día. Dios nos prometió a nosotros que manifestaríamos la “semilla” también. La semilla que Dios quiere que el cristiano manifieste es Cristo (Gál. 3:16). La historia de Abraham no es nada más que una alegoría para nosotros hoy. Los dos hijos son una imagen de los dos pactos: el Antiguo y el Nuevo Pacto (Gál. 4:24). El pacto que escogemos se relaciona con el método del que dependeremos para manifestar la “semilla”. El método o pacto que escogemos automáticamente determinará cuál semilla será manifestada.

Los pactos se diferencian bastante el uno del otro en cuanto a nuestra relación con Dios. El primero depende de las obras; debemos hacer algo para manifestar lo que Dios desea. El ejemplo de esto es Abraham cuando se acostó con la criada de Sara, Hagar. El resultado fue Ismael. Ni el método ni la “semilla” fueron lo correcto en los ojos de Dios. En contraste, tenemos el Nuevo Pacto. Su método es esperar en Dios para que Él cumpla su promesa. La semilla que se manifestará será Cristo. O sea, lo que fluirá de nosotros no será nuestro propio esfuerzo e intentos de agradar a Dios sino la misma vida y naturaleza de Cristo. El apóstol Pablo describió esto cuando dijo: “y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí” (Gál. 2:20).

Desde el puro principio de nuestra vida cristiana, Dios desea que Cristo se manifieste en la vida del creyente en vez de solo ver el cristianismo. Una vez que nace de nuevo, el creyente descubre que Cristo debe ser revelado en él; esto sucede después de haber recibido a Cristo como su Salvador (Ef. 1:15-17). Entonces, como Abraham, hay un período de tiempo entre ser llamado por Dios y el acto real de manifestar la semilla.

El cristiano, entonces, debe pasar tiempo buscando a Dios para que Él le revele a su Hijo (Gál. 1:16). La minoría que verdaderamente comprende esto se encuentra en una dilema. Ellos saben que Dios quiere que su Hijo sea manifestado en ellos, pero ellos están en el presente viviendo por su propia vida, lo cual incluye sus propias opiniones, fuerzas y habilidades. La respuesta a esta crisis involucra descubrir cómo se puede manifestar Cristo en ellos. Y como en el caso de Abraham, este es un tiempo precario, porque al pasar el tiempo sin tener ni un fruto real, uno empieza a considerar otros métodos para ayudar a que la manifestación de Cristo se lleve a cabo. En este punto uno puede caer en un peligro más grande. En su estado presente el cristiano puede ser “Isaac menos”, pero él también es “Ismael menos”. Una cosa es admitir que no somos Cristo y continuar viviendo en un estado estéril e infructuoso. Y otra cosa totalmente es empezar a manifestar una falsificación de lo que Dios originalmente tenía en mente, esto se llama Ismael.

Permanecer infructuoso y esperar que Isaac venga son cosas muy difíciles. Cuando vemos alrededor de nosotros, vemos a otros cristianos viviendo aparentemente una vida fructífera. Alrededor nuestro puede haber gente viviendo realmente por la vida de Cristo en vez de su propia vida (Col. 3:1-4). También alrededor nuestro puede haber otros que estén viviendo por el Antiguo Pacto y están presentándole sus esfuerzos e ideas (Ismael) a Dios como algo aceptable. Entre los dos grupos tal vez haya algunos que todavía no han manifestado ni a Ismael ni a Isaac, y ellos están simplemente esperando en Dios. Para nosotros, ellos tal vez parecen fructíferos, mientras que nosotros parecemos estériles. Es en este momento que tal vez sentimos la presión de producir algo que parece espiritual pero que únicamente procede de nuestras propias concepciones. Un deseo profundo de complacer a Dios también puede causar que queramos “hacer cosas para el Señor” que vienen de Hagar más que manifestar la vida de Cristo. El miedo también puede ser mortal cuando llegamos a tener miedo de ser un fracaso.

Aun con estas cosas empujando y jalando dentro de nosotros, es posible continuar en la fe. Lo que debemos entender es que nosotros no estamos buscando respuestas, estamos esperando la llegada del Señor. Es cierto que tal vez nos parezca y les parezca a otros que no estamos haciendo nada, pero estamos muy activos – estamos confiando en el Señor y en su promesa y esperando pacientemente por ella. Hay veces que en debemos actuar en fe y tiempos en debemos esperar en fe. Los dos se consideran como vivir por fe. Es cuando extendemos nuestra mano para complacer a Dios y cuando no hemos escuchado su voz que podemos entrar en presunción. Presunción es lo que nos mueve de ser estériles a ser fructíferos con Ismael. Pero nunca olviden que el fruto de Ismael no es fruto verdadero, no importa cuánto deseamos que él lo sea. Fruto verdadero es únicamente aquella cosa que ha procedido de la Vid por medio de nosotros; todo lo demás simplemente es la obra del hombre.

Tal vez recuerde que Israel no entró a la Tierra Prometida por su incredulidad. Como dije anteriormente, la presunción hace que intentemos manifestar una “semilla”. En realidad, la presunción no es más que la incredulidad o falta de fe. Dios desea profundamente que nosotros confiemos en Él, porque es nuestra fe y no nuestras obras lo que le complace a Él (Heb. 11:6). Aun en esterilidad, si le mostramos a Dios nuestra confianza, Él está complacido. Es tan triste que tantos, al intentar agradarlo a Él, terminan desagradándolo. Como no tenemos fe, buscamos respuestas y explicaciones para nuestra esterilidad en vez de ejercitar la fe en nuestro Padre y esperar su tiempo (Gál. 4:1-4). Este fue un problema común con Israel durante todo su viaje a través del desierto. Una versión en inglés (Amplified) dice en Sal. 106:13 “...No esperaron su consejo”. Dios desarrolla sus planes en etapas (Mc. 4:28). Como una mata de tomate, el fruto no aparece inmediatamente cuando uno siembra la semilla. Aun más, el cristiano no manifiesta automáticamente la naturaleza de Cristo apenas nace de nuevo. Debe tener un tiempo de espera ante el Señor para que su Hijo sea formado en los cristianos. “Bueno es Jehová con a los que en él esperan, con el alma que le busca” (Lam. 3:25).

El alma debe ser tratada como un infante. Debe ser destetada de su deseo de gratificación instantánea. “¿A quién se le enseñará ciencia, o a quién se le hará entender doctrina? ¿A los destetados? ¿A los arrancados de los pechos?” (Is. 28:9). El alma le dice a Ud. que llore y lamente porque Ud. es estéril, pero el Señor a través de su Palabra le dice que se regocije, aun en esterilidad (Is. 54:1). Toda intriga, manipulación y autobúsqueda deben ser abandonadas de inmediato para no producir un Ismael. El plan de Dios es que Cristo sea manifestado en cada miembro de la Iglesia. “...aunque tardare, espéralo, porque sin duda vendrá, no tardará” (Hab. 2:3).

¿Qué Pasa si Ismael ya Vino?


Si Ud. ya ha manifestado a Ismael, hay solo un remedio: la circuncisión. La carne debe ser cortada del cuerpo. Si Ismael ya ha sido producido entonces el tiempo de quitarlo debe llegar. Como Abraham, Dios debe llevar a la persona a un proceso de separación de Ismael. Este no es un proceso fácil porque Ismael ya ha tenido la preeminencia. Ismael persigue a Isaac. Ismael demuestra orgullo, porque él llega a manifestarse más rápido que la semilla verdadera. Un cristiano fácilmente puede producir algo para el Señor que es tangible y hecho con sus propias manos. Habrá una tendencia constante a simplemente “ hacer para Dios” sin un pensamiento real de quitar nuestra mano del trabajo hasta que Cristo sea manifestado.

La circuncisión sucede en la mente. Es allí cuando Hagar y su semilla son cortadas. Nunca deberíamos darle a Hagar “semilla” ni permitirle concebir. ¿Qué significa esto? El “pensamiento de la semilla” que viene de nuestra mente concibe planes, ministerios y otras cosas que solamente producen Ismael. Concebimos nuestras ideas, planes y bebés como Hagar porque no tenemos el entendimiento del punto de vista de Dios y hemos sido impacientes con el tiempo de Él también. No tenemos una mente renovada. Pero, las Buenas Nuevas son que Ud. no tiene que vivir con la mentalidad de Hagar ni con su semilla. Ellas pueden ser echadas fuera. Cuando Isaac toma su lugar correcto entonces Ismael no será tolerado más.

Capítulo Dos
El Silencio de Dios con Respeto a Ismael

La Bondad de Dios

Algo que la iglesia debería entender de Dios es que Él hace que llueva sobre el justo y el injusto (Mt. 5:45). Él es bueno con todos los hombres sin importar si se lo merecen o no. Dios bendecirá a los hombres basado en su propia bondad. Este atributo puede causar que alguna gente saque conclusiones equivocadas sobre las bendiciones que reciben de Dios. Muchos creen que Él los bendice porque está complacido con ellos o que ellos le caen bien a Él. Como un resultado, ellos equivocadamente consideran las bendiciones de Dios como si Él estuviera sancionando cualquier cosa que estén haciendo, ya sea el ministerio o en las circunstancias diarias.

Necesitamos aprender las lecciones del Rey Saúl y el Tabernáculo de Silo, sobre los cuales la gloria de Dios descansó en poder y autoridad. Ellos fueron tan bendecidos que creyeron que eran lo que Dios había planeado para Israel y que ellos permanecerían para siempre. Sin embargo, en las dos instancias Dios eventualmente retiró su Espíritu y presencia, y lo único que quedó de ellos fue conchas vacías. Aunque el Señor bendijo a cada uno de estos por un tiempo, su gloria no permaneció sobre ninguno. Si el Tabernáculo y el Rey Saúl hubieran sido el propósito original para Israel, Él no les hubiera quitado su bendición.

La lección que debemos aprender, entonces, es que la “bendición” de Dios sobre lo que hacemos no prueba que lo que estamos haciendo está alineado con su voluntad y deseos. Él bendijo el Tabernáculo en Silo con su presencia aunque era solamente una sombra de la realidad gloriosa de lo que fue producido en Sion. Dios bendecirá lo que hacemos, pero lo que Él desea más que todo es la manifestación de lo que Él originalmente tenía planeado para nuestra vida. Esa intención es para que la realidad viviente de Cristo esté arriba del débil y de las sombras sin vida.

El ejemplo de este principio que usamos en el primer capítulo era el contraste entre Ismael y Isaac. Recuerde cómo Dios le había prometido a Abraham que Él manifestaría una semilla prometida a través de Sara (Gén. 18:10,14). Cuando Abraham vio que el tiempo estaba yéndose, él se sintió obligado a ayudar a Dios para que la promesa fuera cumplida. Entonces él produjo a Ismael a través de Hagar, la criada de Sara (Gén. 16:2-4).

Con el nacimiento de Ismael, Dios no le explicó a Abraham su descontento con Ismael ni le dijo que este o no sería el heredero. Según la Biblia, Dios se quedó callado con respeto a Ismael. Abraham consideró el silencio de Dios como su aprobación de Ismael y de la unión con Hagar. Ismael creció en la casa de Abraham y Sara como el amado hijo que Dios había prometido. Pasaron muchos años sin que Dios reprendiera a Abraham, entonces Ismael empezó a llenar el lugar en el corazón de Abraham que era únicamente para Isaac. Sin embargo, el corazón de Dios nunca cambió en cuanto a la semilla que Él había determinado que sería el cumplimiento de la promesa. Conforme pasaban los días, Ismael estaba creciendo en madurez, y todavía parecía que Dios estaba callado sobre el tema.

Ismael Está Vivo en la Iglesia

Yo temo que muchos en la iglesia amen lo que pueden producir en la tierra más que lo que Dios nos da de arriba por su promesa. Brindamos nuestra carne religiosa como la semilla prometida y llegamos a estar convencidos de que Dios está complacido con todo que hacemos porque no hay un regaño presente. Lo que ayuda a convencernos de la complacencia de Dios es que Él continúa bendiciendo exactamente como Él bendijo a Ismael (Gén. 17:20). La bendición de Dios es recibida como una señal de su aprobación, y entonces construimos con las manos de Ismael, ministramos con las palabras de Ismael y caminamos en los caminos de Ismael. Nuestros pensamientos y fuerzas humanas son juzgadas como justas, y nuestros esfuerzos se ven como “muy santos”.

Pero Dios sabe que Cristo, y Cristo únicamente, es la semilla prometida (Gál. 3:16). Él sabe que si Ismael se comporta con honor o como un traidor no importa, él no es la semilla escogida. El corazón de Dios nunca cesó de sonar con sus palabras en Abraham: “Mas yo estableceré mi pacto con Isaac...” (Gén. 17:21), quien era la semilla.

¿Por qué Dios no nos habla ni nos corrige en cuanto a nuestro Ismael? Porque la corrección no debería ser una parte tan grande en nuestra relación con Dios como pensamos. En vez de esperar a que Dios nos corrija, necesitamos perseguir una relación de escuchar y discernir su Palabra en nosotros. Necesitamos corazones obedientes. Necesitamos más paciencia y fe mientras que esperamos en Dios para que Él cumpla su Palabra para y en nosotros, y menos preocupación por producir algo en la carne. También, no solamente necesitamos escuchar su Palabra para nosotros sino también esperar en el Señor hasta que entendamos su significado.

Otra razón por la cual Él espera y no dice nada es porque no es el tiempo apropiado para manifestar la semilla (Gál. 4:2). El tiempo apropiado no está basado en nuestros problemas y fracasos sino en la venida del Señor. Cuando el tiempo llega para que la semilla se manifieste, entonces el cielo y la tierra se mueven. Cuando Dios habla, su significado es claro: “Este no ha de heredar ... Sara, tu mujer, dará a luz un hijo...” (Gén. 21.10; 17:16,19). El hecho es que el significado de Dios siempre fue claro. Fueron Abraham y Sara los que ensuciaron las aguas y confundieron sus palabras.

Como Abraham tenía ideas preconcebidas en cuanto Ismael, su respuesta a la declaración de Dios fue una de duda y de sorpresa (Gén. 17:18). Abraham era muy sobreprotector con Ismael y quería que Dios lo bendijera. Parecía como si Abraham quisiera que Dios tuviera el mismo corazón hacia Ismael que él tenía. Sin embargo, este nunca podía ser el caso. Por toda la historia de la iglesia, Dios ha bendecido las obras de muchos hombres, pero su plan eterno está adentro de su Hijo – Jesucristo. Esta es la semilla que Dios quiere que sea manifestada en su pueblo. Esta es la única que Dios condonará. Todas las demás son los mejores intentos de los hombres de complacer a Dios separados de la vida de su Hijo. Es equivalente a unos pámpanos tratando de llevar fruto sin la vida de la Vid llenándolos. ¡Qué necio!

Demasiados del pueblo de Dios no han comprendido que vivir por los recursos de nuestra propia humanidad no es diferente que vivir bajo la Ley. Nosotros en nosotros mismos no somos capaces de cumplir lo que Dios quiere, porque lo que Él quiere es una persona – Cristo. Únicamente Isaac representaba esta semilla prometida. La relación de Dios con Ismael quiso mostrarnos que solo Cristo podía cumplir los requisitos del Nuevo Pacto. La diferencia entre los dos pactos no es tener un contraste entre los perdidos y los cristianos. Hay también más que un contraste entre los creyentes que buscan el favor de Dios por sus propios medios, opuestos a aquellos que creen en la semilla prometida como su único recurso. Una vez que llegamos a esta realidad, entonces somos capaces y estamos preparados a renunciar a Ismael en vez de buscar a Dios para que lo bendiga.

Capítulo Tres
Renunciar a Ismael

¿Cómo nos Relacionamos con Dios?
“Porque está escrito que Abraham tuvo dos hijos; uno de la esclava, el otro de la libre.” Gálatas 4.22

La epístola a los Gálatas fue escrita primeramente para tratar sobre el tema de los dos pactos y no para dar un remedio a los fracasos del pecado. El ejemplo principal que se usa para explicar los dos pactos es el de Isaac e Ismael. Para hablar sobre los dos pactos, es necesario discutir los dos puntos de vista: el natural y el espiritual. Muchos ven el sacrificio de Jesús como algo que se relaciona con quitar los pecados únicamente, pero Jesús murió – como nosotros para poder quitar el poder de la carne que produce pecado. Además la carne produce más que solo pecados – produce cosas buenas también. Así que Ismael no solo representa un acto llamativo del pecado, sino el intento del hombre de darle a Dios lo que Él quería. Como vimos en el último capítulo, ninguna cantidad de afecto hacia Ismael causará que Dios lo acepte como el heredero. Llega el tiempo cuando Hagar y su semilla deben ser rendidas y echadas fuera.

De hecho, Abraham tuvo que ofrecer a Ismael como sacrificio antes de ofrecer a Isaac. Considera Génesis 21:8-14 a la luz de la oración anterior. Por supuesto, Abraham literalmente no ofreció a Ismael como un sacrifico sino que tuvo que entregar cualquier esperanza de que Dios consideraría a su hijo Ismael como la semilla prometida. Era como si Abraham estuviera muriéndose durante el proceso cuando llegó a sujetarse a la escogencia de Dios. Esa escogencia fue el inicio de hacer las cosas conforme a los medios del Nuevo Pacto en vez de seguir los medios del Antiguo Pacto. Algunos de nosotros estamos tratando de ofrecerle a Dios sacrificios espirituales antes de sacrificar la carne. La semilla prometida (Cristo en Ud.) nunca va a poder tomar su lugar correcto hasta que no renunciemos a Ismael y hasta que toda esperanza en este sea rendida a Dios.

Lo natural es ofrecido a para que el espiritual pueda darle toda la atención necesaria. Como vemos en Ismael, la vida natural se afirmará para poder mantener nuestra atención (Gál. 4.29). A la vida natural no le importa cuántas veces uno ora para echarla afuera o cuántas veces uno trata con ella o la resiste mientras que nosotros no consideremos su muerte como la respuesta para continuar en el camino de Dios. Si el énfasis no está en el Hijo de Dios en nosotros, nuestras vidas serán consumidas con el intento de quitar la carne y de lograr la libertad de la esclavitud. Nuestra meta, sin embargo, no es quitar la carne sino pasar de una muerte en nuestros corazones a la bendición de Dios morando sobre nosotros. Lo que es carne es carne, lo que es espíritu es espíritu y Dios nunca va a cambiar su opinión al respecto (Jn. 3:6). La carne debe irse sin importar cuán cercanos hemos llegado a ser con ella.

Dios no quiso estar involucrado con Abraham en la crianza de Ismael. Hagar y su semilla tenían que ser echados fuera de la escena (Gál. 4:30,31). Este acto hecho por Abraham, no fue un acto de sobrevencer la carne tanto como la transferencia de ella de ser el centro y de ponerla en un lugar afuera de la atención concentrada de Dios. El Señor no instruyó a Abraham a controlar al rebelde Ismael bajo su autoridad, y tampoco no espera que nosotros controlemos la carne. La carne tiene que ser quitada. Además, no debe ser quitada de cualquier lugar; es un traslado específico de la Tierra Prometida al desierto (Gén. 21:15-19). Hay solo un heredero, y Él, Jesús, es Aquel que habitará la Tierra Prometida. La carne, aun si estuviera controlada, no es el heredero.

Después de largos años de remendar la carne y de tratar de mejorar llegará finalmente una resignación de que no hay ni una esperanza para nosotros fuera de la naturaleza y la vida de Cristo en nosotros. Es en este momento que el corazón finalmente se vuelve al Señor (2Cor. 3:14-18) y nuestro punto de vista cambia. La desesperanza que fue puesta en nosotros con respecto a nuestra propia carne no nos deja vernos como la respuesta (Rom. 7:18). Cuando leemos las Escrituras, ahora vemos cómo esto se aplica a la vida de Cristo. Cuando vemos los fracasos en nuestra carne, entonces vemos la vida de otro, Jesús. Ya no estamos luchando para encontrar algo que Dios nunca aceptará como la semilla prometida, aunque haga algo bueno. Cristo (en nosotros) llega a ser nuestra única esperanza (Col. 1:27).

La Bendición de la Esterilidad

Sara experimentó una gran bendición que Abraham no pudo entender. Ella era estéril. Abraham era muy viejo, pero no era estéril. Él todavía tenía “algo adentro de él” que podía producir fruto aparte de Dios, pero este no era el caso de Sara. Si algo iba a fluir de ella, iba a tener que manifestarse sobrenaturalmente de Dios sin la ayuda de ella.

La promesa de Dios de manifestar una semilla prometida no fue solo para Abraham únicamente sino para Sara también. Dios declaró que del vientre de Sara vendría la semilla. ¿Ud. sabe por qué las Saras de la Iglesia desprecian a sus amantes? (Lea Gén. 16:4,5). Es porque ellas pueden concebir y dar a luz por medios naturales. Ellas son capaces de lo que Sara no puede: ellas pueden dar a luz. Sin embargo, Sara es capaz de lo que Hagar no puede: ella es la única a quien Dios le ha permitido manifestar la semilla prometida. Nadie más puede hacer esto. Solo las estériles son escogidas para esta tarea.

A los que son estériles se les da la risa. El nombre “Isaac” significa risa, lo cual representan la bendición que Sara recibió al dar a luz a la semilla prometida. Hay una risa burlona que Hagar posee (Lea Gén. 21:9), pero es una “risa fingida” – una imitación barata. No es una risa llena de la semilla y de agradecimiento, sino de desdén y superioridad mezquina. Ah, ¡cuán vacía es esta risa! Pero recuerde mujeres como Elizabet, Hanah, Rebeca y otras. En cada caso Dios consideró el estado débil de la estéril. Por toda la Escritura, el linaje de la semilla prometida continuaba por medio de aquellas que no podían producir, que eran estériles. ¿No reconocemos la bendición de la estéril? Recuerde lo que Isaías 54 nos dice: “Regocíjate, Oh estéril”.

Conclusión

Ismael nació después de que Dios le dio la promesa a Abraham. En esta manera, él representa la Ley y cómo está nuestra relación con Dios después recibir a Cristo. Como un ejemplo de la Ley, Ismael representa los mejores intentos del hombre de amar y servir a Dios. Una obra del Espíritu es mostrarles a los creyentes que muchas de las cosas que hacemos durante el día para el Señor pueden venir del Ismael. Estoy seguro de que la mayoría de nosotros somos sinceros y tenemos intenciones buenas, así como Abraham era sincero en querer que Ismael fuera la escogencia de Dios. Sin embargo, la iglesia entera ha recibido muchísima enseñanza de que Ismael es aceptable, aunque él en realidad no lo es!

En verdad, todos somos estériles. Jesús dijo: “Porque separados de mí nada podéis hacer” (Jn. 15:5). Llegará un tiempo cuando algunos en la iglesia empiecen a entender que ellos son estériles. Este no es el fin, como tal vez uno pueda pensar, sino el principio. Se siente tan feo ser un fracaso. Es una cosa tremenda que las Hagares se burlen de Ud. Ellas pueden parecer fructíferas externamente, pero adentro son lobos voraces. En vez de llegar a una destrucción repugnante, deje que esta vez lo lleve a Ud. a la fe. ¿Fe en qué? Fe en la promesa original de Dios!

Ningún intento sincero del hombre puede cambiar a Ismael en Isaac. Solo Dios, por los medios sobrenaturales del Espíritu, puede producir a Isaac. Esta fue la promesa original de Dios. Requiere paciencia. Va a requerir tiempo en la Palabra de Dios. Y requiere confiar en Dios y dejar que Él haga lo que Él ya había prometido, y dejarlo hacer lo que únicamente Él puede hacer. Es tiempo de dejar de considerar su propia condición y de mirar solo a Dios. Creer en su bondad y fidelidad, porque cuando el corazón se vuelve al Señor, el velo se rompe (2Cor. 3:16).